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Periodistas indios dan testimonio de deterioro de los medios, y se comprometen a combatirlo

Panel de oradores en la Convención Nacional Contra los Ataques a Periodistas, realizado en Nueva Delhi el 22 de septiembre de 2018. Captura de un vídeo de YouTube realizada por Media Vigil.

Los abusos, intimidaciones y ataques a periodistas y organizaciones de medios de comunicación no son nuevos en India.

En junio de 2018, el veterano periodista Shujaat Bukhari, editor jefe de Rising Kashmir, murió abaleado ─junto con dos policías encargados de protegerlo─ en Srinagar, en el estado de Jammu y Cachemira, al norte de India.

Aunque esta muerte provocó gran escándalo, no consiguió cambiar la realidad cotidiana de los periodistas.

Bukhari fue el cuarto periodista indio asesinado este año por motivos relacionados con su trabajo periodístico, y muchos más siguen enfrentándose a amenazas, algunas procedentes incluso de agentes gubernamentales.

En su informe 2018 sobre India, Reporteros sin Fronteras señala que el nacionalismo hindú de derecha promovido por el partido gobernante, Bharatiya Janata, encabezado por el primer ministro, Narendra Modi, representa una amenaza mortal contra la libertad de prensa en India. El informe ha detectado una creciente autocensura en los medios tradicionales indios, y los “nacionalistas hindúes intentan purgar cualquier manifestación del pensamiento ‘antinacional’ del debate nacional”.

Ser periodista en la India de Modi

La Convención Nacional Contra Ataques a Periodistas fue fundada en Nueva Delhi el mes pasado por el Comité Contra Ataques a Periodistas (CAAJ), con la asistencia de numerosos reconocidos periodistas indios.

En su discurso a los asistentes, Ravish Kumar, periodista de la NDTV, criticó al primer ministro Modi por amparar una cultura política que incita al odio contra los medios, y que ha convertido a India en una “república de abusos”.

Ravish Kumar habla en la Convención Nacional Contra los Ataques a Periodistas con Neha Dixit, Nikhil Wagle, CPJ Asia y CAAJ India.

Kumar observó que tras la elección de Modi en 2014, los críticos del Gobierno fueron etiquetados de “anti Modi”, después de “anti India”, y después de “antinacionalistas”. Esta retórica parece haber puesto a buena parte de la sociedad contra algunos periodistas, y los ha aislado y silenciado hasta la autocensura.

El pasado mes de mayo, Kumar informó de un aumento de las llamadas intimidatorias y de las amenazas de muerte por parte de nacionalista fanáticos de extrema derecha. “Están bien organizados y políticamente sancionados”, dijo en una entrevista con The Hindu.

Tomando su experiencia como ejemplo, Kumar insistió en que los periodistas independientes, las mujeres y los que trabajan en zonas rurales son mucho más vulnerables a la intimidación y la obstrucción de su trabajo, y carecen del sistema de apoyo que disfrutan los periodistas de las grandes ciudades.

La primera convención de CAAJ arrojó luz sobre la terrible situación en la que se encuentran los periodistas que trabajan en zonas remotas. Desde Bastar a Cachermira y al noreste, los trabajadores de los medios enfrentan acoso de delincuentes y policías con la complicidad con los políticos. Unámonos y apoyemos a nuestros colegas.

“No es nuestra responsabilidad, sino del estado, proporcionar un mecanismo constitucional para solucionar este acoso y estas amenazas que afectan a todo el mundo”, dijo Neha Dixit, periodista de investigación independiente, en sus comentarios durante la convención.

Dixit describió un ambiente político que desalienta a los periodistas de hablar sobre los derechos de los marginados. El tráfico y adoctrinamiento de niñas de tribus en Assam por parte de un grupo hindú de extrema derecha afiliado a Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS) y el fenómeno de los musulmanes de clase trabajadora muertos en falsos enfrentamientos con causas poco claras, o la mala aplicación de la Ley Nacional de Seguridad son ejemplos de los problemas que los grandes medios de comunicación no parecen estar muy dispuestos a cubrir.

Profundizando en los problemas generales de la prensa en India, Dixit lamentó que no hubiera un solo medio en el país dedicado a tratar las dificultades que enfrentan los periodistas, ya sea intimidación, falsas querellas, acoso sexual en el trabajo o cuestiones relacionadas con su sueldo y prestaciones.

Testimonios de periodistas de zonas en conflicto y áreas rurales

Sobre los problemas que han afectado a los periodistas de Jammu y Cachemira durante los últimos 30 años, el conocido periodista Jalil Rathor, que trabaja en ese estado del norte del país, dijo:

“En una zona en conflicto, el periodista se encuentra entre la espada y la pared, y se le acusa de tomar partido tanto por el Estado como por los actores no estatales”.

Rathor declaró que algunas formas habituales que el Gobierno y sus agencias han utilizado para intimidar a periodistas locales son reducción de la publicidad institucional (principal fuente de ingresos para los periódicos de Jammu y Cachemira), bloqueo de servicios de internet y citaciones a periodistas para ser interrogados por la policía o la Agencia Nacional de Investigación en Nueva Delhi.

“También hay un intento de controlar la narrativa [de Cachemira en las noticias] en los medios tradicionales y en los medios sociales”, afirmó Rathor.

Mujeres de Cachemira gritan consignas contra India durante el funeral de un miliciano local muerto en un enfrentamiento con fuerzas gubernamentales en el sur del estado. Imagen de Ieshan Wani en Instagram.

Patricia Mukhim, editora de Shillong Times, diario en inglés del estado de Megalaya, sobreviviente de un ataque con bombas incendiarias en abril de 2018, comparte con Rathore la angustia por los periodistas que trabajan en zonas de conflicto.

Mukhim sugirió que para algunos grupos minoritarios, sobre todo en el noreste de India, las identidades o subidentidades indígenas son más fuertes que la identidad nacional. Lamentó que estas políticas étnicas, aunque distintas de la cultura política propagada por el actual gobierno desde la capital, son igualmente restrictivas para la libertad de prensa.

“Si adoptas una postura a favor o en contra de algo, un grupo u otro pedirá tu cabeza”, manifestó Mukhim.

Seema Azad, editora de Dastak Patrika y secretaria de la Unión del Pueblo por las Libertades Civiles (PUCL) de Uttar Pradesh, criticó con dureza la Ley de Prevención de Actividades Ilegales (UAPA), una ley que se usa cada vez con más frecuencia para censurar a los periodistas junto con los activistas. La ley, que data de 1967, está diseñada para combatir el terrorismo, y se ha hecho más restrictiva en los últimos años. Numerosos juristas y activistas argumentan lo sencillo que resulta manipularla, sobre todo para silenciar a los disidentes.

Cuando la draconiana Ley de Prevención de Actividades Ilegales, se utilizaba contra los activistas, los periodistas de este país no lo denunciaron. Ahora se utiliza contra los periodistas”, dice Seema Azad, editora de Dastak Patrika.

Azad subrayó que es necesario ampliar el espacio democrático para incluir el discurso sobre distintos movimientos populares en India, e informar de los problemas que el Gobierno ha encubierto insistentemente, como el conflicto de Cachemira. Con frecuencia, el gobierno de Modi califica las informaciones sobre el costo humano de este conflicto como “antinacionales“.

En cuanto al impacto del capitalismo nepotista, Azad señaló que estos ataques han crecido en proporción directa al control corporativo, que a lo largo de los años se ha extendido en India desde los medios de comunicación a los recursos naturales,

Lalit Surjan, editor jefe de Deshbandhu y ponente en la convención, dijo que el “periodismo del pasado, e incluso del presente, ha sido una empresa muy arriesgada, así que sean valientes”.

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