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Bashir Khadda, activista de medios de Sahara Occidental, suspende huelga de hambre tras 45 días en prisión marroquí

Campo Gdeim Izik en 2010. Foto de Miquel Garcia (CC BY-SA 2.5).

El activista de medios Bashir Khadda, de 32 años y originario de Sahara Occidental, no ingirió alimentos sólidos durante 45 días.

Khadda trabajaba principalmente con Equipe Media antes de su arresto y condena en 2010 por “complicidad en la violencia” contra las fuerzas de seguridad en 2013. Ahora está en confinamiento solitario en la prisión Talfit de Marruecos.

Khadda empezó una huelga de hambre el 18 de septiembre. Cuando su salud se deterioró gravemente, su familia le pidió que dejara la huelga pues temía por su vida. Khadda suspendió la huelga el 2 de noviembre, aunque dice que es una suspensión temporal. Sus compañeros de trabajo de Equipe Media, grupo de medios ciudadanos de Sahara Occidental, luchan por llamar la atención sobre su situación y la de otros prisioneros políticos saharauies en cárceles marroquíes.

Khadda es originario de El-Aiún de Sahara Occidental, zona bajo control marroquí, territorio disputado en el noroeste de África. Como ya informó Global Voices, Khadda integra el llamado “Gdeim Izik 25″, grupo de 25 prisioneros políticos saharauies asociados con un levantamiento de un mes de duración en el campo separatista de Gdeim Izik en Sahara Occidental entre octubre y noviembre de 2010.

Gdeim Izik era un campo donde los activistas de Sahara Occidental vivían y exigían el fin de la ocupación marroquí de la zona y la sistemática marginación que el Gobierno marroquí hace al pueblo indígena saharaui. En noviembre de 2010, la policía y fuerzas de seguridad marroquíes dispersaron el campo, lo que generó disturbios que llevaron a la muerte de policías y manifestantes, además de cientos de heridos y una ola de arrestos masivos.

Muchos activistas asociados con el movimiento de protesta fueron arrestados como consecuencia, como Khadda, a quien arrestaron, le vendaron los ojos y esposaron con otros dos hombres en un café en El-Aiún más de un mes después de la dispersión de Gdeim Izik.

Bashir Khadda. Foto de Equipe Media, usada con autorización.

Aunque lo juzgaron con otros activistas que estaban en Gdeim Izik, Khadda niega haber estado en el campo el día de la incursión policial. Como coordinador de los archivos de videos de Equipe Media, Khadda realizaba su trabajo desde la ciudad de El-Aiún, donde recibía material de los reporteros desde el lugar, según su colega de Equipe Media, Mohammed.

Khadda es miembro fundador de Equipe Media, y fue juzgado con otros miembros del grupo Gdeim Izik 25 antes un tribunal militar en 2013. Los activistas fueron acusados de formar y pertenecer a un “grupo criminal” y de cometer violencia contra miembros de las fuerzas de seguridad.

Khadda fue sentenciado a 20 años de prisión por “llegar a un acuerdo criminal” y “complicidad en violencia contra miembros de fuerzas de seguridad que llevaron a muerte con intención”. Aunque a los demandados se les realizó un nuevo juicio en una corte civil, las sentencias, incluida la de Khadda, fueron ratificadas. En julio de 2017, una corte civil en la ciudad de Salé (cerca de Rabat, la capital marroquí) sentenció a ocho de los 25 activistas a prisión de por vida. Entre los ocho están incluidos otros dos activistas afiliados con Equipe Media, Abdullahi Lakfawani y Hassana Alia, sentenciado en ausencia tras haber huido a España. Un tercer activista afiliado con el grupo, Hassan Dah, recibió una sentencia de 25 años de prisión. Han enfrentado dificultades parecidas a las de Khadda.

Observadores internacionales informaron que el juicio estuvo lleno de irregularidades. Khadda y otros denunciados dijeron que fueron sometidos a tortura y otras formas de maltrato para extraerles confesiones.

A Khadda lo obligaron a firmar una confesión preescrita que no le permitieron leer ni revisar. En mayo de 2011, declaró a un juez de investigación que la policía lo obligó a formar el documento de confesión cuando estaba con los ojos vendados.

Las confesiones preescritar fueron la única evidencia presentada contra los procesados en los juicios de 2013 y 2017.

Mohammed recordó escenas del juicio de 2013:

It was a very political trial. Family members of the accused were prevented from attending because the court was filled with security officials and Moroccan settlers with flags and banners. Many politicians attended and held demonstrations outside in support of families of the victims [security officers killed in the riots]. Many Sahrawis felt frightened to attend, although there were some international observers present.

Fue un juicio muy político. A los familiares del acusado no se les permitió entrar a la corte porque estaba llena de oficiales de seguridad y colonizadores marroquíes con banderas y carteles. Muchos políticos asistieron y se manifestaron afuera en apoyo de las familias de las víctimas (hubo muertos en esos disturbios). Muchos saharauis tuvieron miedo de ir, aunque había varios observadores internacionales presentes.

En el nuevo juicio civil de 2017, hubo una escena similar. Llevaron a manifestantes a favor de Marruecos con banderas y audífonos, lo que creó un ambiente muy intimidante para los familiares y seguidores de los procesados, informaron los observadores internacionales, Tone Sørfonn Moe e Isabel Lourenco.

Mohammed dice que Khadda fue transferido a la prisión de Talfit en las afueras de Rabat inmediatamente después del nuevo juicio de 2017 y que está en confinamiento solitario 23 horas al día, completamente aislado de otros prisioneros. Las autoridades niegan continuamente el derecho de visita a la familia de Khadda. Mohammed dijo:

As for now Bashir’s brother is the only one who dares visit him. His sister was sexually harassed when trying and the distance is too far for his elderly parents to travel. It has now been three years since he last saw his father. His brother says he was beaten and insulted by prison guards, they have confiscated all books and other items he tried to bring him and they reduced the time of visit to only five minutes.

Por ahora, el hermano de Bashir es el único que se atreve a visitarlo. Sus hermana fue acosada sexualmente cuando intentaba entrar y es muy lejos para que sus padres viajen. Ya han pasado tres años desde que vio a su padre. Su hermano dice que los guardias de la prisión lo golpean e insultan, le han confiscado todos sus libros y otros artículos que llevó y que han reducido su tiempo de visita a apenas cinco minutos.

Khadda inició su huelga de hambre con dos pedidos: que lo transfieran a una prisión más cercana a donde vive para poder recibir visitas familiares, y que le permitan estudiar según las normas mínimas internacionales de derechos de prisionero. Estaba estudiando una maestría en Derecho en la Universidad Mohammed V en Rabat, pero las autoridades de la prisión le negaron mayor contacto con sus profesores.

Aunque no se cumplieron sus demandas, Khadda suspendió su huelga de hambre a pedido de su familia.

Después de una visita de cinco minutos con su hermano días antes de suspender la huelga, cuando el deterioro de su salud era evidente, Mohammed dijo a Global Voices:

Bashir’s brother cried when he called me afterwards…he lost his ability to speak or to walk and is now confined to a wheelchair.

El hermano de Bashir lloró cuando me llamó… ha perdido la capacidad de hablar y caminar, está confinado a una silla de ruedas.

Según Mohammed, Khadda no ha recibido atención médica mientras duró su huelga; solamente ha sido objeto de más amenazas y burlas del personal de la prisión.

Al recibir las noticias de la deteriorada salud de Khadda, Equipe Media publicó un breve video con entrevistas a su familia. En el video, su hermano reafirma la inocencia de Bashir y lamenta que hacer activismo de medios en Sahara Occidental puede tener como resultado una sentencia de prisión de 20 años. Por su parte, la madre de Khadda aparece para pedirle a su hijo que termine con la huelga antes de romper en llanto.

En respuesta a esos desperados pedidos, Khadda suspendió temporalmente la huelga el 2 de noviembre, pero está dispuesto a retomarla si no se toman sus pedidos en serio.

Esta es una infografía que ilustra los efectos psicológicos de una huelga de hambre, creada por nuestros socios de Visualizing Impact.

“No buscamos la muerte, buscamos una vida verdadera”, declaración de un huleguista de hambre de la plaza Tiananmén, junio de 1989.

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