Escenas de Ma'shour: Brutal represión de las protestas en una ciudad iraní

Ahwaz Protest 2019

Manifestantes en la ciudad de Ma'shour, en la región iraní de Ahwaz. Foto cortesía de Rahim Hamid, usada con autorización.

Por Rahim Hamid y Aaron Eitan Meyer

En el suroeste de Irán se encuentra la ciudad de Ma'shour, que forma parte de la región de Ahwaz, de mayoría árabe. En noviembre de 2019, Ma'shour se hizo conocida por los crímenes cometidos del Cuerpo de Guardias Revolucionarios de Irán y sus secuaces contra sus habitantes, y este último episodio es más continuación de las décadas de miseria que ha experimentado la gente de la región bajo el brutal yugo del régimen.

Con una población de alrededor de 120 000 habitantes, Ma'shour comprende cinco zonas residenciales –Jarrahi, Koura, Khor Mussa (Sarbandar o puerto de Jomeini), y las zonas antigua y nueva de la ciudad. La abrumadora mayoría de habitantes de Ma`shour son de origen árabe, y la importancia de la ciudad radica en la presencia de una industria petroquímica que refina los recursos de petróleo y gas natural de la región de Ahwaz.

Por la muy real amenaza de represalias del régimen, los testigos locales hablaron con los autores de esta historia bajo condición de anonimato, y pintaron un devastador cuadro de una ciudad que experimentaba el traslado de población por parte de un régimen racista. Una persona explicó el fenómeno de los “empleados voladores”, es decir, empleados de alto nivel que vienen a trabajar y regresan el mismo día a Teherán. También traen a sus familiares para ocupar puestos de trabajo que van desde las máquinas de té y café hasta el personal de limpieza.

Estos “empleados voladores” y sus parientes son de origen persa; las personas a las que desplazan son en su mayoría árabes.

El testigo añadió que la razón por la que estos empleados no viven en Ma'shour es la alta contaminación del aire. Por su parte, la población árabe carece de medios para escapar de las peligrosas condiciones del aire causadas por la industria petroquímica y vive en condiciones miserables.

“La tasa de suicidios está aumentando”, nos dijo el testigo. “Los jóvenes han perdido la esperanza en el futuro. Se te considera un delincuente cuando naces ahwazi (árabe). Estás condenado a la privación cuando naces árabe”.

Pese a la riqueza de la región, a la población local mayoritariamente ahwazi se le niega el acceso a los beneficios de los recursos de la zona. La ira, la desesperación, las altas tasas de suicidio, las tasas desproporcionadamente altas de cáncer y la supresión de la identidad cultural caracterizan a la población ahwazi.

Como región, Ahwaz ha estallado en protestas incluso antes del comienzo de las protestas por el combustible en el centro del país. El catalizador fue el envenenamiento de un popular poeta disidente ahwazi llamado Hassan Haidari mientras estaba bajo custodia del régimen, junto con las antiguas quejas por la brutalidad del régimen y la discriminación étnica.

Las protestas en Ma'shour fueron violentamente reprimidas. Cuando los jóvenes bloquearon las carreteras que conducen a las instalaciones petroquímicas con llantas quemadas, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán los atacó con tanques y disparos.

Los jóvenes ahwazis huyeron a los pantanos cercanos para escapar de las ametralladoras, pero el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria disparó contra los pantanos y luego los incendiaron, y mataron a docenas de jóvenes, casi todos desarmados. Un testigo ocular explicó: “No tomamos en serio lo que dijeron porque pensamos que nos amenazaban, como lo hicieron en las manifestaciones anteriores. Pero empezaron a disparar al azar contra la gente con ametralladoras”.

Cuando la Guardia Revolucionaria comenzó a disparar, la gente, incluyendo mujeres y niños, huyeron al pueblo de Jarrahi y algunos se refugiaron en los pantanos cercanos, pero las tropas les dispararon indiscriminadamente, sin piedad. Según los informes, unas 60 personas murieron en el pantano y decenas resultaron heridas”.

Otro testigo ocular que perdió muchos familiares en la masacre dijo que la Guardia Revolucionaria desplegó equipo militar pesado en los distritos de Jarrahi y Koura. También registró la zona con aviones no tripulados y helicópteros artillados, y trajeron otros vehículos y armas, hasta tanques.

Si bien el cierre de internet ordenado por el Gobierno impidió inicialmente que los detalles de la masacre llegaran al público mundial, los testigos han comenzado a contar sus historias, con la esperanza de que el régimen responda por sus crímenes.

Una testigo nos dijo que los manifestantes del municipio de Jarrahi de Ma'shour salieron a las calles después de que las protestas se extendieron por todo el país. Comenzaron a manifestar a la entrada del pueblo durante dos días. Bloquearon las carreteras, forma pacífica de protesta que estaba ocurriendo en todo Irán.

La joven continuó: “Estábamos rodeados de mortales tanques y armas pesadas. Las fuerzas del régimen iraní comenzaron a acosarnos y atacarnos. Los jóvenes estaban de pie y sentados en medio del camino exigiendo sus derechos al trabajo, a la vida, a la riqueza, a la seguridad y a la salud. Lo interesante fue que la mayoría de las fuerzas armadas que disparaban y golpeaban a los manifestantes árabes hablaban en árabe, pero con acentos de países como Irak, Siria y Líbano. Fueron despiadados y rociaron de balas los pechos de los desarmados manifestantes. Los pobres manifestantes árabes cayeron al suelo uno tras otro, y otros se precipitaron desesperadamente a los pantanos cerca del lugar de reunión a la entrada de la ciudad”.

La Guardia Revolucionaria tiene antecedentes documentados de traer a sus afiliados terroristas para reprimir a los ahwazis, como el Hezbolá libanés y las Unidades de Movilización Popular Iraquíes, y a varias entidades activas en Siria que apoyan el régimen de Assad, que cada vez tiene más respaldo de Irán. Los activistas ahwazis, dentro y fuera de la región, han hecho repetidamente la misma pregunta: “¿Por qué oímos hablar de estos grupos terroristas cuando atacan a otros, pero nunca cuando los traen para matarnos?”.

La testigo continuó. “Las fuerzas continuaron disparando a los que se habían refugiado en las aguas y cañas del pantano. También dispararon al azar contra las casas vecinas, lo que provocó la mayor cantidad de muertos y heridos”.

“Fuimos al hospital y encontramos docenas de víctimas, muertos y heridos, en el piso del hospital. La falta de médicos y enfermeras y la enorme cantidad de sangre en el piso y las paredes… todo manchado con la sangre de jóvenes, entre ellos dos mujeres muertas, una de mediana edad y otra, una veinteañera.

“Fuimos del hospital a la ciudad, y oímos disparos por todas partes. Fuimos a la casa de una víctima que era familiar, cuando nos encontramos con fuerzas que empezaron a dispararnos con armas letales que casi derribaron las paredes. Entramos a la casa bajo una lluvia de balas. Nos reunimos todos en un rincón de una habitación para que los disparos no nos alcanzaran”.

En los días que siguieron al terrible incidente, el hedor de cuerpos calcinados en los pantanos seguía tan fuerte que se sentía en toda la ciudad. Las imágenes muestran familias afligidas que preguntan: “¿Cuál fue el delito de estas personas necesitadas? Solamente querían protestar contra la opresión generalizada. ¿En qué país el Gobierno usa tanques y ametralladoras contra las protestas públicas? Pero aquí está el régimen iraní, que quemó vivos a los jóvenes en el cañaveral”.

Las devastadas familias quedaron impotentes ante los gritos, el llanto y las súplicas de ayuda de los familiares varados en el pantano, y oliendo la carne en llamas después de que las tropas del régimen prendieran fuego a los cañaverales.

Los activistas de derechos humanos en Ahwaz dicen que el régimen está tratando de extorsionar a las familias afligidas, les cobran alrededor de 4000 dólares a cada una para que les devuelvan los cuerpos de sus seres queridos, e incluso cobran “honorarios” por las balas usadas para matar a sus familiares.

Otro testigo contó que los “ciudadanos del barrio de Koura dijeron: ‘Tenemos dos opciones: morir bajo tortura del régimen o resistir a las fuerzas de la Guardia Revolucionaria’. Entonces el mundo, especialmente el Gobierno de Estados Unidos, podría apoyar nuestra revolución contra el represivo y brutal régimen”.

Durante cuatro días, dijo el testigo, los manifestantes mantuvieron el control sobre Koura y la calle Tanideh en Jarrahi, y sobre la mayoría de barrios de la ciudad de Ma'shour y varios suburbios. “Los enfrentamientos fueron feroces. La Guardia Revolucionaria escapó por la efectiva resistencia, y la gente pudo controlar la principal carretera que conduce a la ciudad y el complejo industrial petroquímico adyacente”.

“Los ciudadanos de Ma’shour esperaban acción de la comunidad internacional para parar este crimen atroz”, continuó la testigo, y estalló en llanto.

Esa intervención nunca se materializó. El servicio de internet ha sido restaurado en su mayor parte en todo Irán. En Ma'shour el pantano ya no humea, el olor a carne quemada ya no está en el aire. Pero el aire sigue estando muy contaminado y la población árabe local sigue en la indigencia, y se tambalea por el horror que ha experimentado recientemente. Las únicas novedades son negativas: angustia para los familiares de los muertos, temor por los seres queridos arrestados y llevados a cárceles no especificadas en la oscuridad de la noche, y ahora la desesperación de que el mundo nunca tome medidas.

No hay duda de que las acciones del régimen desafían el derecho internacional y la moralidad fundamental, pero mientras las naciones poderosas del mundo no tomen medidas directas, no hay consuelo ni esperanza para el pueblo de Ma'shour y para todo el pueblo ahwazi.

Rahim Hamid es autor, periodista independiente y defensor de derechos humanos radicado en Estados Unidos. Es editor del Centro de Estudios Dur Untash (DUSC) de Canadá. Los escritos de Hamid suelen dedicarse a las dificultades de los ahwazi en Irán. Síguelo en Twitter en @samireza42.

Aaron Eitan Meyer es abogado habilitado para ejercer en el estado de Nueva York y ante la Corte Suprema de Estados Unidos. Es investigador y analista. Ha escrito ampliamente sobre guerra jurídica, derecho humanitario internacional y derechos humanos.

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