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Bielorrusas recurren a autodefensa para luchar contra violencia de género

Participantes en una clase de WenDo en Minsk, 2020. Foto (c): Hanna Liubakova, con autorización.

Una mañana de sábado temprano, unas 15 mujeres se reúnen en uno de los innumerables edificios grises de tres plantas de las afueras de Minsk, capital de Bielorrusia.

Hay café y algo de comida, y ya se han colocado varias sillas en círculo. La espaciosa sala donde nos reunimos es habitualmente un gimnasio, pero no estamos allí para ponernos en forma. Los dos próximos días serán mitad lecciones de artes marciales, mitad grupo de apoyo.

Esa es la esencia del wen-do, método de autodefensa y autoafirmación desarrollado para permitir que las mujeres eludan el acoso, se empoderen y se defiendan ellas mismas.

Los cursos como este son relativamente nuevos y aún no están muy extendidos. La autodefensa femenina no es más popular en Bielorrusia por muchas razones: una considerable cantidad de estereotipos de género, la tendencia a culpar a las víctimas de violencia y la persistente creencia de que es necesario un “fuerte hombro masculino” en el que apoyarse. Pero según los datos de Naciones Unidas correspondientes a 2018, una de cada dos mujeres bielorrusas padece algún tipo de violencia, y casi una de cada tres sufre maltrato físico.

El wen-do cubre una amplia variedad de técnicas físicas y verbales. Las mujeres aprenden a reaccionar y responder cuando las sujetan de la muñeca o del brazo, y cómo escapar de abrazos asfixiantes o intentos de estrangulamiento. Lejos de ser solo un método de autodefensa, el wen-do también se centra en el consentimiento, la concienciación y en cómo evitar situaciones amenazantes.

Hay todo tipo de personas en este grupo. Altas y bajas. Rubias y morenas. Estudiantes y profesionales. Algunas somos ya cincuentonas, otras acaban de cumplir 16 años. Nos hemos conocido hace muy poco, pero ya nos sentimos amigas de las demás.

Pero cuando Olga Laniewska, nuestra entrenadora, nos pide de repente que gritemos, nos miramos confundidas. Quizá esto sea un curso solo para mujeres, pero por muy seguro y cómodo sea el entorno, no es fácil comenzar a gritar cuando estás rodeada de personas prácticamente extrañas.

Olga nos insiste.

“Los atacantes saben perfectamente que las mujeres a menudo se sienten demasiado avergonzadas para reaccionar cuando sufren una agresión sexual. Pero en su voz, ustedes tienen un arma. Úsenla”.

Esta vez, no dudamos en gritar.

Frenar bloqueos, romper estereotipos

Natalia (pidió que cambiáramos su nombre), estudiante de doctorado, necesitaba resolver un problema con el director de su tesis, que abusaba de su posición con constantes preguntas personales sobre su familia y su marido. Sentía que dependía de su director, pero quería acabar con esta atención no solicitada.

En las sesiones de wen-do, las mujeres cuentan experiencias reales de agresiones físicas o verbales de extraños o conocidos. Acoso en la calle. Esposos violentos. Ataques en la escuela. Colegas de trabajo que rebasan demasiados límites.

Después, las mujeres debaten y realizan juegos de rol para generar confianza en ellas, y reaccionan como mejor les funciona.

En el caso de Natalia, practicó su postura, su lenguaje corporal, voz y uso de palabras específicas hasta que estuvo satisfecha con el resultado. Como me dijo unos meses después, cuando su director se le volvió a acercar, pudo parar sus preguntas educadamente pero con firmeza.

“Nunca volvió a comportarse de esa forma abusiva”, dijo Natalia. “Probablemente comprendió que no lo permitiría nunca más”.

Curiosamente, dijo, su relación ha mejorado desde entonces.

“¿Cómo reaccionó tu marido cuando te inscribiste en el curso?”, pregunté.

“Es muy abierto de mente y me apoya mucho”, dijo. “Pero a veces no entiende el porqué del wen-do ni el problema de la violencia de género, puesto que nuestra relación no es violenta”. Cuando tenía 19 años, alguien trató de violarla. Aunque pudo escapar, el miedo se quedó con ella.

Otra estudiante, Alina, de 24 años, sufrió violencia de género en casa. El wen-do le enseñó a marcar los límites y no permitir que otros los rebasaran. Ahora, meses después, me dice que le sigue resultando difícil decir “no” sin sentirse culpable. Pero está aprendiendo.

Al final de cada sesión diaria, los participantes rompen una tabla de madera con un golpe con la mano. Como en las artes marciales, es una parte esencial del entrenamiento, cuando una persona muestra su fuerza y su valor. Para las de mi grupo, era un momento de empoderamiento y resolución.

“Refuerza los niveles de confianza en una misma. Sin eso, es imposible defenderse”, dice Hanna Parkhomenka, miembro del grupo.

Natalia, Hanna y Alina están entre las 900 mujeres que han realizado cursos de wen-do en Bielorrusia desde que se impartió el primero hace cuatro años.

“¿Significa eso que todas saben dónde golpear a un agresor?”, pregunto a Laniewska, la única entrenadora de wen-do de Belorrusia, y una de las pocas entrenadoras internacionales que habla ruso.

“Esto no son solo patadas y bloqueos, aunque también lo enseño”, me contesta.

“Lo ideal, después de que una mujer aprenda wen-do, es que de entrada no permita dejar que la agredan ni ataquen, porque ahora es consciente de sus barreras y de qué comportamientos encuentra inaceptables”, dice Laniewska. El wen-do se centra principalmente en evitar amenazas y agresiones siempre que sea posible. Durante las sesiones, discutimos porqué eso es aún más importante en Bielorrusia, donde el concepto legal de la autodefensa no está totalmente desarrollado.

En 2016, Laniewska recibió su certificado de entrenadora de wen-do en Polonia, donde vivió 15 años, expedido por la ONG Autonomy Foundation. Conseguir este certificado le costó 18 meses y muchas entrevistas y conversaciones con psicólogos. Después volvió a Bielorrusia, se asoció con Radislava, organización que ayuda a víctimas de la violencia de género en el hogar, y comenzó a ofrecer clases de autodefensa gratuitas cuando Radisvala podía conseguir fondos para organizarlas. Cuando no hay dinero de patrocinadores, Olga imparte talleres de pago. No obstante, si un grupo no puede permitírselo, trabaja gratis.

El wen-do puede adaptarse a todas las edades y capacidades. Los cursos suelen durar 12 horas repartidas en dos días. Laniewska enseña sobre todo en Minsk, aunque también ha impartido clases en Hrodna, Navapolack, Brest y otras ciudades bielorrusas.

Resultados positivos

El empoderamiento mediante la autodefensa no es nuevo. Pero sus efectos positivos están claros, dicen sus defensores.

En Canadá, donde se originó el wen-do en la década de 1970, el método se incorporó a un programa de resistencia ante las agresiones sexuales diseñado para chicas estudiantes de primer año en tres universidades canadienses. Los resultados, publicados en 2015, fueron impresionantes. Según los autores, se pudo vincular el entrenamiento con una reducción del 46 % en las violaciones y del 63 % en los intentos de agresión sexual en el siguiente año, respecto a un grupo de estudiantes de control.

Un estudio similar sobre estudiantes universitarias que tomaron clases de autodefensa concudico por Jocelyn Hollander de la Universidad de Oregon, llegó a conclusiones similares. El informe afirma que las mujeres que tomaron las clases experimentaron un “número significativamente menor de agresiones sexuales durante el año siguiente que las mujeres inscritas en otras clases de la misma universidad”.

El entrenamiento en autodefensa de las mujeres parece tener efectos positivos también en otras sociedades. En 2014, investigadores de Stanford descubrieron que chicas adolescentes de los suburbios de Nairobi habían experimentado un descenso de más de un tercio en el número de violaciones durante el año siguiente a haber realizado un curso de autodefensa de 12 horas.

En Europa, aunque hace más de 20 años que el Consejo de Europa defendió el entrenamiento en autodefensa para las chicas, se ha hecho muy poco en los ámbitos nacionales, según asegura un informe del Parlamento Europeo publicado en 2016.

En Polonia, los Gobiernos y empleados municipales han financiado cursos de wen-do en algunas ocasiones.

El wen-do proporciona las herramientas para desarrollar confianza y autoafirmación. Pero no es una panacea, explica Agnieszka Biela, psicóloga y entrenadora certificada de wen-do radicada en Sosnowiec, al sur de Polonia. “No es adecuado para una mujer que sufre una situación de violencia activa en su hogar, porque ese caso exige una ayuda más específica y el wen-do puede tener un efecto contrario, y hacerla sentir menos empoderada”.

Las mujeres que practican wen-do tienen que saber cuándo pedir ayuda externa, dice Biela, y recordó a una de sus alumnas, que vivía con un maltratador. “Por suerte, nos habló de la violencia de su pareja, y pudimos derivarla a un centro de intervención”.

Biela explica que desde un punto de vista psicológico, el wen-do se centra en la capacidad de las mujeres para hacer realidad su potencial y estimula la autoexploración. “Como entrenadoras de wen-do, enseñamos a las mujeres que son expertas en su propia vida”, dice Biela.

En una encuesta preparada por Autonomy Foundation después de un taller de wen-do, prácticamente las 54 mujeres sondeadas dijeron que podrían haber evitado muchas situaciones amenazantes en su vida adulta si les hubieran dado la oportunidad de hacer un taller en su adolescencia. La mitad de las mujeres habían utilizado lo aprendido a cabo de meses después del entrenamiento.

Hincapié en la prevención

Ilya Murashko no está contento con el hecho de que la mayoría de sus alumnos de autodefensa en Minsk sean hombres.

“Reconozcámoslo: las mujeres tienen más necesidad de saber cómo protegerse que los hombres. Junto con los ancianos y los discapacitados, son quienes sufren más agresiones”, dice.

Además del clásico krav maga, método de lucha y autodefensa, Murashko enseña a poner y comunicar límites personales, y a reconocer situaciones peligrosas en las primeras etapas. ¿Suena familiar?

“Sí, es similar al wen-do. Ambos son esenciales para evitar agresiones”, dice.

El inconveniente, dice Murashko, es que los cursos de wen-do son quizás demasiado cortos para que las mujeres lleguen a dominar los conocimientos y convertirlos en hábito. Eso es exactamente lo que me dijo Olga Kutas, una de las mujeres de mi grupo de wen-do: “El efecto de un solo curso puede perderse rápidamente entre las ocupaciones diarias de una mujer”.

Pero como explica Lena Bielska, aunque algunos trucos de defensa física pueden olvidarse rápidamente, con el tiempo crecerá la semilla del respeto por ellas mismas. Bielska es instructora certificada de wen-do, y cofundadora en Lublin de la rama regional de HerStory, ONG que trabaja en rubros de igualdad y discriminación de género. Dice que por eso es crucial que el entrenador se centre en el empoderamiento y la confianza, no solo en las artes marciales. Además, en ocasiones las mujeres participan varias veces en talleres de wen-do y algunas realizan cursos avanzados.

Una lucha en curso

El entrenamiento en autoafirmación no es fácil de inculcar en una sociedad que espera que una mujer sea dulce, dócil y de maneras suaves. Se espera que las mujeres resuelvan los problemas sin montar escenas. Se les educa para que sean “amables”.

“Las cosas están cambiando”, dice Olga Yanchuk sobre los estereotipos y los riesgos sociales que afronta una mujer que se planta.

Yanchuk, socióloga, es la secretaria general de la rama del YWCA en Bielorrusia, ONG que defiende a las mujeres y ofrece formación para líderes. Yanchuk lanzó hace poco un proyecto llamado Womens Safety, que al igual que el wen-do, se centra principalmente en aumentar la autoestima de las mujeres. El proyecto ofrece lecciones en video en línea de pago y consultas personales con psicólogos sobre límites personales y distintas formas de violencia de género.

Mientras no haya una ley contra la violencia de género en Bielorrusia —el presidente Alyaksandr Lukashenka la rechazó pr considerarla una “tontería”— Yanchuk cree que es especialmente importante para las mujeres aprender a defenderse y a poner límites. “Una mujer aprende cómo escucharse y escuchar a su cuerpo. Entonces puede reconocer más fácilmente las primeras señales de violencia, tensión o incomodidad.

Yanchuk y su hija de ocho años también han participado en un curso de wen-do. “El hecho de que mi hija entienda que tiene el derecho y la necesidad de protegerse es el mejor resultado del entrenamiento”, dice Yanchuck.

Eso, y el bloque de madera que rompió con la mano desnuda y que se llevó a casa como un trofeo, ríe Olga al contarlo.

Este artículo fue publicado originalmente por Transitions, organización editorial y formadora de medios de Praga. Lo publicamos aquí con permiso, y se ha editado su longitud y estilo.

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