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Kirguistán: Surge agenda nacionalista en medio de nuevas manifestaciones

¿Quién es Rosa Otunbayeva en este preciso momento? Dos meses después de haber perdido el control efectivo del sur de Kirguistán, la primera presidenta de Asia Central enfrentó más agitaciones, cuando el empresario Urmat Baryktabsov, nacido en Balykchi, anunció sus intenciones de marchar a la capital del país y “discutir una estrategia para el desarrollo en el país”.

La manifestación tomó dos formas indudablemente diferentes. Apenas menos de mil personas, entre habitantes de Biskek y visitantes de Issyk Kul, la región natal de Barykatabasov, llegaron a la antigua plaza de la capital donde se sentaron sin rumbo fijo, tomaron té preparado especialmente para la ocasión o disfrutaron de un picnic con sus familias.

Mientras tanto, a la otra mitad de su movimiento, un cordón policial le impidió avanzar hacia Biskek desde Kirgshelk, una aldea equidistante entre la metrópolis y Balykchi -un estancamiento que resultó en una batalla entre los agentes de la ley y los manifestantes y en el arresto del propio Baryktabasov. Lo acusan de llamar públicamente a un cambio violento en el gobierno, organizar alteraciones públicas y posesión ilegal y distribución de armas.

Los objetivos exactos del empresario eran desconocidos. Un medio de comunicación sugirió que había organizado la demostración de fuerzas para que se descartaran las acusaciones en su contra y asegurar así un cargo en el gobierno interino. Su anterior registro de una movilización pública -un intento de tomar la Casa Blanca luego de la Revolución de los Tulipanes en 2005, sugería que la acción preventiva tomada por el gobierno interino estaba justificada. Pero el acontecimiento plantea una pregunta más urgente y relevante: ¿quién o qué será el próximo en tratar de alterar el orden en este fracturado país de Asia Central?

¿Será Nurlan Motuev de la provincia de Naryn, clandestino magnate del carbón convertido en líder musulmán? Ha estado callado desde los acontecimientos del 7 de abril, aunque comparte la misma capacidad de combustión espontánea de Baryktabasov y otros políticos marginales que buscan usar las bases regionales de apoyo como entrada a la vida pública a nivel nacional. Si no es así, ¿tal vez Nariman Tyuleev, el popular ex alcalde de Biskek, en cuyo nombre ya se han realizado [ru] manifestaciones en la capital?

Mientras una encuesta de Kloop mostraba que Baryktabasov tenía poco apoyo general por sus acciones, muchos de los que lo apoyan lo hacían porque, irónicamente, nunca antes había estado involucrado en política. La desilusión hacia los políticos en Kirguistán está tan arraigada que algunos quieren ver que un hombre sin experiencia en el gobierno llegue a los niveles más altos de cargo público.

En el sur, la situación está lejos de ser estable. La evidencia señala a una total falta de control del gobierno interino, mientras que los líderes locales manipulan el aparato estatal para forjar feudos locales ahí mismo y en los alrededores de las dos ciudades más grandes.

El blog semanal de este mes [ru] destaca el alarmante efecto que tienen las tensiones étnicas residuales en la justicia y en el debido proceso en la región Barzakorgon de Jalal-Abad. Nurbek Toktukunov, un abogado de etnia kirguisa, describe las dificultades que ha enfrentado cuando defendió a un cliente uzbeco acusado de asesinato durante los acontecimientos de junio. El relato demuestra ejemplos de gran descuido por parte de los funcionarios que aplican la ley, que según cree Toktukunov “han caído bajo el control de agresivos líderes locales”.

Quien está analizando cuidadosamente el caos en su ciudad desde la comodidad de su lujosa oficina es el alcalde de Osh, Melis Myrzakmatov. Ha declarado su oposición a cualquier investigación internacional de los acontecimientos que dejaron a la ciudad en escombros a mediados de junio. En su blog, una publicación en inglés desde Biskek, el Spektator considera su supuesta culpabilidad en los propios acontecimientos de junio:

“Su anhelo de retirar el mayor vecindario uzbeko del centro de la ciudad para construir ahí su propio hotel era conocido desde antes del inicio de los disturbios, como lo era su anhelo de reubicar el bazar -que junto con la principal mezquita de Osh constituyen el corazón de la actividad social de la ciudad- a las afueras de la ciudad. Para las víctimas uzbekas de la violencia, personas sin hogar, de una violencia que presuntamente él ayudó a ocasionar, amenaza con elevados edificios de departamentos o arbitrarias sentencias de cárcel”.

Quien quiera o cualquiera fuera la causa del conflicto en el sur de Kirguistán, todo el discurso político en el estado ex soviético tiene lugar ahora en la sombra. Los analistas han notado mucha de la tendencia del lenguaje de los medios kirguisos hacia una retórica ultranacionalistia. Murzaki informa que los manifiestos distribuidos en la manifestación de Baryktabasov (capítulo de Biskek) estaban llenos del común denominador del populismo más bajo ‘que glorifica al pueblo kirguiso y promete una buena vida sin ningún objetivo concreto’.

Cada vez es más claro que ese nacionalismo, en sus diveros matices, es la principal plataforma en la que pronto se disputarán las elecciones parlamentarias de octubre.

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