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Rusia: Las aventuras de una blogger israelí en un hospital ruso

Pasadizo del "famoso" hospital en Voronezh. Foto de dorinem.

Muchas personas viven su vida sin la oportunidad de ver las cosas cotidianas desde una perspectiva poco habitual. A veces se necesita viajar al extranjero para entender mejor lo que se tiene o no se tiene en casa. Pero a veces se necesita que una extranjera bloguee acerca de sus experiencias en un hospital para señalar la “chocante verdad” sobre tu país.

Aunque “una extranjera” podría no ser la descripción más exacta de la blogger dorinem [RUS], que nació en Ucrania y pasó ahí 16 años antes de mudarse a Israel, donde encontró un nuevo hogar en 1993. La muchacha habla perfectamente el ruso y sabe cómo moverse en la ex Unión Soviética. Hace poco viajó a Rusia a visitar a sus parientes. Pero una hemorragia repentina cambió sus planes de viaje y se encontró en un hospital en Voronezh [es], una ciudad al suroeste de Rusia.

Dorinem describió sus aventuras en el hospital ruso en LiveJournal.com, la plataforma de blogueo más popular del país. El post se hizo muy popular al cabo de algunos días. Sus reflexiones y citas terminaron en las páginas de periódicos y revistas. Las discusiones que empezaron en su blog pasaron a ser debates a nivel nacional sobre la calidad de los servicios de salud en Rusia. Y aunque todo lo que dorinem describió no es nada nuevo para muchos ciudadanos de Rusia, se necesitó a una furiosa extranjera para hacer que la gente se diera cuenta de que acostumbrarse a algo horrible no lo convierte en normal.

La mujer se enfermó en Voronezh el sábado, cuando resultó ser extremadamente difícil encontrar cualquier tipo de ayuda profesional. A continuación cómo describió su primera experiencia en el hospital:

Mientras esperaba [en una fila – GVO], miré a mi alrededor y mis ojos se abrieron por la sorpresa. Primero que nada, las personas que llegaban al hospital en ambulancias se arrastraban fuera de las ambulancias y caminaban solas a la ventanilla de la recepción (por cierto, no era una distancia corta). A veces, los enfermos no podían caminar solos y entonces las enfermeras corrían por el hospital gritando “¡necesitamos una camilla!”, y una mujer respondía siempre “¡no tenemos camillas!” y lo repetía varias veces. Los que tenían la suerte de tener una camilla estaban echados en la superficie no cubierta [de la camilla – GVO] y los estaban desvistiendo para ser examinados justo en el corredor o en un cuarto con las puertas abiertas. Es por eso que vi las partes privadas de varias personas, aunque esa no era mi intención, mientras esperaba en la fila. Además de eso, vi cómo llevaban una camilla con un hombre que se chocaba siempre con fuerza y al hombre tenían que ponerlo de nuevo en la camilla para evitar que se cayera totalmente. En general, parecía que yo estaba en un aterrador purgatorio que estaba organizado así para que la gente que seguía viva pudiera salir corriendo del horror.

Tomó más de una hora que registraran a dorinem en la recepción (y estuvo sangrando todo el tiempo). El hospital y los doctores no la animaron. Los cuartos estaban sucios, los doctores se portaban poco profesionalmente y descorteses y toda la atmósfera parecía funcionar de tal manera que hasta una persona sana se enfermaba por estar ahí. Acá la descripción del examen médico:

Había un bacín. Y había telas con sangre en él. Lo siento, pero así fue. Estaba mirándolo con total indignación. Y entonces me voltée hacia a la doctora y le dije con voz temblorosa: “Ahí… Ahí, en el bacín, algo…”. Ella llegó, lo miró y dijo: “No le prestes atención. No te sientes en él, sino un poco más alto”. Estaba tan indignada que no supe qué decir y me arrastré a la silla ginecológica”.

Como no pudieron determinar qué la pasaba a la mujer, los doctores pusieron a dorinem en un cuarto de hospital con otras personas. El hospital no tenía agua caliente y los pacientes usaban botellas de plástico para calentar el agua al sol. El hospital tampoco tenía toallas ni papel higiénico. Fue imposible encontrar doctores e incluso enfermeras durante el fin de semana. Nada funcionaba y nadie quería hacer nada al respecto. Había que tener suerte para que hicieran exámenes de sangre y el examen de ultrasonido se hizo recién un día después.

La descripción de los indignantes momentos por los que pasó dorinem en el hospital tomó siete posts de su blog llenos de deprimentes fotos (parte 1, parte 2, parte 3, parte 4, parte 5, parte 6 y parte 7).

Pero la historia de dorinem tiene un final feliz. Se las arregló para regresar viva a Israel y con buen ánimo. Ahora, los posts de su blog terminan con un deseo a todos sus lectores “No se enfermen. En ninguna parte”.

La blogger dorinem no fue la única persona que sabe usar internet y que se enfermó alguna vez en un hospital ruso. Pero fue la que expresó su indignación en su blog y, dado que esos posts estaban escritos en ruso, recibieron enorme publicidad entre otros bloggers y, después, con los medios.

“Ciudadana israelí en un hopital ruso: es el purgatorio del que huye la gente” [rus] dice un titular en uno de los periódicos rusos más populares, Komsomolskaya Pravda. “Autoridades de Voronezh verifican información de ciudadana israelí acerca de incumplimientos en los servicios de salud”, informa otro titular en la agencia rusa de noticias REGNUM. “¿Pueden sanarse los servicios de salud de Voronezh?” hace el seguimiento con un artículo el Komsomolskaya Pravda.

La atención de los medios y las autoridades hacia ese hospital en particular y hacia el estado de los servicios de salud en Rusia fue repentina y motivada por el post. El ejemplo mostró la creciente influencia de la blogósfera rusa cuando se hizo común para los medios  -y a veces para las autoridades- reaccionar a los informes escritos por los bloggers.

La historia está lejos de haber terminado. El hospital es cuestión está siendo investigado y evaluado por diferentes comisiones del gobierno. Pero algo es seguro, aunque fue duro para dorinem estar en un hospital ruso, su decisión de bloguear acerca de sus experiencias marcó la diferencia en Voronezh y motivó que otras personas en Rusia vieran sus vidas a través de los ojos de una extranjera.

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