Un informe caribeño de la COP27 que va más allá del histórico fondo para pérdidas y daños

Cartel de la conferencia COP27 en Egipto, 15 de noviembre de 2022. Foto de Climate Alliance Org en Flickr (CC BY-NC 2.0).

En mi viaje de regreso dos días desde la tierra de Koshary (Egipto) a la tierra de Doubles (Trinidad y Tobago) reflexioné sobre la oportunidad que tuve a través de Climate Tracker de trabajar y apoyar a un equipo de 22 periodistas de países en desarrollo en la COP27. Sin embargo, a lo largo de mi reportaje sobre esta conferencia climática crítica, me bombardearon mensajes y videos sobre la destrucción en casa: las peores inundaciones que ha experimentado el país desde 2018.

Incluso desde Egipto, vi una alerta de nivel naranja tras otra, vi personas, automóviles y animales arrastrados, casas sumergidas bajo aguas despiadadas y masas enteras de tierra colapsando sobre carreteras y acantilados. No exagero. En la zona costera de Manzanilla, las carreteras se rompieron hasta tal punto que pueblos enteros quedaron varados. Para evacuar, la gente tuvo que cruzar con cuidado con la ayuda de cuerdas.

Así que, como muchos otros reporteros del mundo en desarrollo, incluso mientras los delegados y activistas se reunían en un contexto sombrío de múltiples crisis (energía, costo de vida, endeudamiento, pérdida de la naturaleza y tensiones geopolíticas), tenía un interés personal en el resultado de COP27 en cuyo período previo se promocionó como uno de «implementación». Pero ¿se logró? ¿A dónde vamos desde aquí? Aquí hay algunos puntos claves, ahora que el polvo se ha asentado.

La pérdida y el daño se robaron la atención

Una necesidad apremiante de salvaguardar a los más vulnerables condujo a una decisión histórica al comienzo de la conferencia, una que daría forma a la narrativa a lo largo de nuestro tiempo en la península del Sinaí. Después de 30 años de negociación, finalmente se agregó a la agenda la financiación de pérdidas y daños (PyD). Buen comienzo. Pero esperábamos ansiosamente el resultado de las discusiones de PyD. ¿Toda la charla conduciría a decisiones concretas?

La Alianza de Pequeños Estados Insulares (AOSIS), los Países Menos Desarrollados (LDC) y la Asociación Independiente de América Latina y el Caribe (AILAC) declararon la COP como una de inacción de Pérdidas y Daños. Luego, en el último minuto, después de que perdí la cuenta de cuántas veces se pospuso el plenario de clausura, y más de 24 horas después de que se suponía que la COP debía cerrarse, las partes acordaron establecer un fondo dedicado para Pérdidas y Daños.

Este es un logro trascendental para los países en desarrollo, pero teniendo en cuenta el hecho de que los países desarrollados no cumplieron con su promesa de financiamiento climático de 100 000 millones de dólares estadounidenses de Copenhague en 2009, queda poca confianza.

Avinash Persaud, enviado especial del primer ministro de Barbados, declaró en el discurso de clausura:

We have a historic decision to establish a Loss and Damage fund for countries acutely impacted by the warming climate. It was the result of the strong leadership by the small island states with an amazing degree of solidarity shown by the rest of the world, from the major industrialising developing countries and the developed ones. It is a small victory for humankind. Now we need to redouble efforts behind an energy, transport and agriculture transition that will limit these climate losses and damages in the future.

Tenemos una decisión histórica de establecer un fondo de Pérdidas y Daños para los países gravemente afectados por el calentamiento climático. Fue el resultado del fuerte liderazgo de los pequeños estados insulares con un sorprendente grado de solidaridad mostrado por el resto del mundo, desde los principales países en desarrollo industrializados y los desarrollados. Es una pequeña victoria para la humanidad. Ahora necesitamos redoblar esfuerzos detrás de una transición de energía, transporte y agricultura que limitará estas pérdidas y daños climáticos en el futuro.

Ciertamente, las partes acordaron que el fondo para Pérdidas y Daños fue el mayor logro de la COP, ya que hubo evaluaciones contradictorias sobre la medida en que los demás resultados más amplios demostraron (o no demostraron) firmeza en la aplicación y mayor ambición. Es importante tener esto en cuenta a medida que nos dirigimos al Balance Global de la COP28, que evaluará el progreso colectivo hacia el logro del propósito del Acuerdo de París y sus objetivos a largo plazo, e informará las contribuciones determinadas a nivel nacional que se debatirán en 2025.

Se necesita más en mitigación

Hay una opinión general de que no se prestó suficiente atención a la reducción de emisiones; esto fue especialmente evidente en las discusiones sobre el “programa de trabajo para aumentar urgentemente el sueño de la mitigación y la implementación en este decenio crítico”, que se formó en la COP26.

En la COP27 hubo un debate entre países sobre las reducciones de carbón versus combustibles fósiles, y vio a Antigua y Barbuda denunciar las altas emisiones de China y la necesidad de contribuir también a la financiación de PyD, a lo que China declaró explícitamente que esa no era su intención.

Este ir y venir marcó su impacto en las negociaciones, pasaron los días con poco progreso en temas críticos y se perdió la oportunidad de avanzar desde el programa de trabajo de mitigación de Glasgow y abordar con confianza los combustibles fósiles y las emisiones.

Para algunos de los países más vulnerables del mundo, como los Países Menos Desarrollados (LDC), AOSIS y AILAC, las emisiones que nos llevan más allá de 1,5 grados centígrados son una amenaza existencial. Algunos países en desarrollo de ingresos altos y medianos, y las principales economías emergentes han notado la presión para reducir aún más las emisiones, aunque históricamente no son responsables del cambio climático. Ese conocimiento exige el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas (CBDR) consagrado en la Convención de 1992, que establece que los países desarrollados asuman el liderazgo en la acción y el apoyo climáticos.

En la COP26, las partes respaldaron un llamado a «reducir gradualmente» la energía del carbón sin disminuir. En Egipto, sin embargo, India y algunos otros países declararon que esto debería extenderse a todos los combustibles fósiles. En sus conferencias de prensa y discursos plenarios, el líder climático de la Unión Europea, Frans Timmermans, dijo que el fondo PyD debe ir «de la mano» con esfuerzos más fuertes en 1.5 °C, y amenazó con «alejarse» de una «mala decisión». advirtiendo que “no podemos aceptar que el 1,5 °C muera hoy aquí”.

En última instancia, todos respaldaron el Plan de Implementación de Sharm El-Sheikh, aunque tal vez con corazones verdaderamente apesadumbrados y ojos visiblemente somnolientos. El acuerdo no incluyó la reducción gradual (o eliminación) de los combustibles fósiles en sus borradores sucesivos de la decisión de cobertura, y en cambio presenta una mitigación diluida con una simple mención de «energía renovable y de bajas emisiones». Este tipo de lenguaje está plagado de lagunas, y proféticamente nos deja a todos hundidos.

¿Adaptación para África?

Un sentimiento común a lo largo de las dos semanas de la conferencia fue: «¿Es esto siquiera una COP africana?». Había grandes expectativas de que la COP27 cumpliera con la financiación de la adaptación, un área clave de importancia tanto para el continente como para los países del Caribe.

Como dijo la activista por la justicia climática de Uganda, Vanessa Nakate, «la COP27 estaba destinada a ser la ‘COP africana’ donde las pérdidas y los daños eran el tema que no se podía ignorar, y años de presión de países y activistas vulnerables nos han acercado a donde debemos estar». Pero no tendremos justicia hasta que el dinero comience a fluir hacia las comunidades vulnerables, por lo que aún queda mucho trabajo por hacer”.

Antes de la conferencia, el Programa de Naciones Unidas para el Ambiente publicó un informe de análisis que destaca que la cantidad de financiamiento para la adaptación hacia países en desarrollo es actualmente de cinco a diez veces menor de lo que se necesita, y aunque las discusiones sobre el Objetivo Global de Adaptación recibieron algo de atención, muchos expertos creían que no era tanto como se merecía.

La COP27 refleja esencialmente la dificultad de llegar a un consenso durante una policrisis y bajo situaciones geopolíticas muy diferentes. Es un resultado con el que todos están de acuerdo, pero que también deja a todos igualmente insatisfechos, con muchos grupos de negociación que anuncian que el acuerdo de Sharm no avanzó, se basa en las ambiciones de la COP26 o incluye un lenguaje que guiaría al mundo a alcanzar un máximo de emisiones globales para 2025 mientras reduce progresivamente los combustibles fósiles y el carbón.

Como declaró Mohamed Adow, Director Ejecutivo de Power Shift Africa:

COP27 has done what no other COP has achieved and created a Loss and Damage fund to support the most impacted communities of climate change. However, on a global fossil fuel phase down, it’s sad to see countries just copying and pasting the outcome from last year’s COP26 in Glasgow. The science is clear, the impacts are getting worse and we know that renewables are the future. Polluting countries need to leave coal, oil and gas in the ground if we’re going to keep global heating from running out of control.

COP27 ha hecho lo que ninguna otra COP ha logrado y creó un fondo de pérdidas y daños para apoyar a las comunidades más afectadas por el cambio climático. Sin embargo, en una reducción global de los combustibles fósiles, es triste ver que los países simplemente copian y pegan el resultado de la COP26 de 2021 en Glasgow. La ciencia es clara, los impactos están empeorando y sabemos que las energías renovables son el futuro. Los países contaminantes deben dejar el carbón, el petróleo y el gas bajo tierra si queremos evitar que el calentamiento global se salga de control.

Con el aumento de la temperatura media mundial ya en 1.1 °C, la necesidad de actuar frente a la crisis climática nunca ha sido más evidente, porque, como dijo Sherry Rehman, ministra de Cambio Climático de Pakistán, «la vulnerabilidad no debería ser una muerte».

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