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El hambre rondó su niñez en Etiopía. Ahora ve que la comida se acaba de nuevo.

Abebe Haregewoin (right) and his father in Ethiopia. Credit: Courtesy: Abebe Haregewoin

Abebe Haregewoin (derecha) y su padre en Etiopía. Foto cortesía de Abebe Haregewoin.

Este artículo de Joyce Hackel apareció originalmente en PRI.org el 5 de mayo de 2016, y se reproduce aquí como parte de un acuerdo para compartir contenido.

El lugar en el que creciste tiene su modo de quedarse contigo por el resto de tu vida.

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Abebe Haregewoin conoce esa sensación.

Es oncólogo en Silver Spring, ciudad en el estado estadounidense de Maryland. Pero él creció en Etiopía y vivía en Adis Abeba cuando la hambruna asoló el país del Cuerno de Africa en la década entre 1970 y 1980.

Piensa en eso mucho en estos momentos, cuando Etiopía se dirige a una “temporada difícil”. Estos son los meses entre la siembra y la cosecha, cuando no hay mucha comida. Este año, las existencias de granos serán más escasas que nunca.

Eso es porque en años recientes, las lluvias en el Cuerno de África no han seguido sus ciclos habituales. Los cultivos se han marchitado. Haregewoin dice que ya hay una hambruna severa, y en los meses venideros será significativamente peor. Por ahora, cerca de 10 millones de etíopes no reciben suficiente comida y 4 millones de niños están en riesgo.

“Pero el mundo está ahora totalmente concentrado en Siria, y realmente esto no es evidente para la mayoría de personas en el mundo”, dice, y agrega que el gobierno etíope y grupos como el Programa Mundial de Alimentación están tratando de destacar la crisis.

Haregewoin sabe por lo que vio hace décadas que el hambre no solamente debilita el cuerpo sino también el espíritu.

“Hay personas que se convierten totalmente en monstruos por la inanición y el hambre. Roban, pelean por comida. Y se convierten en personas extremadamente patológicas”, dice.

Al mismo tiempo, ha visto cómo el hambre ha sacado lo mejor de los habitantes del Cuerno de África.

“Las personas comparten en Etiopía, es es nuestra cultura”, dice. “Comemos juntos. Compartir es parte de nuestro modo de ser”.

En estos días, las crecidas de agua están golpeando a muchas de las regiones donde el hambre es más aguda, y eso hace que sea difícil que los camiones lleguen hasta quienes son los más necesitados.

La sequía y las inundaciones han puesto a Etiopía en la precaria vanguardia del cambio climático.

“El cambio climático no es un mito, es una realidad”, sostiene. “Lo he visto durante mi vida”.

Con una crisis de hambruna aun más severa a la vista, algunos inmigrantes etíopes se han movilizado para buscar donaciones para ayudar a quienes lo necesitan. Haregewoin inició una página de Go Fund Me para apoyar la asistencia alimentaria. Lo mismo hizo el etíope Abraham Debebe de Minneapolis. Los dos se encontraron y se unieron. Demoraron pocas semanas en recaudar más de $30,000.

Pero la necesidad es grande, y para Haregewoin la posibilidad de otra devastadora hambruna está siempre en primer lugar en su mente.

“Pienso en Etiopía día y noche”, dice. “Me preocupa Etiopía, estoy conectado espiritualmente con Ethipía”.

Y esa, dice, es la realidad para muchos inmigrantes etíopes, que se sienten especialmente lejos de la patria en este momento de necesidad.

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