Por qué Hong Kong aún no ha muerto

2018.7.1” Protesta en Hong Kong, 2018. Foto de doctorho (CC BY-NC-ND 2.0).

Este relato es una versión editada de una publicación del autor en Facebook el viernes 22 de mayo, donde reflexiona sobre las posibles consecuencias del fin de “Un país, dos sistemas” —principio establecido en la Declaración Conjunta Sino-Británica de 1984 para resguardar la autonomía política de Hong Kong— tras la propuesta de un nuevo proyecto de ley desde Pekín.

Hong Kong, 22 de mayo. Hoy es un muy mal día. Y hemos tenido muchos días malos en Hong Kong últimamente. Meses malos. Todo malo.

Estamos viviendo el coronavirus desde enero. En noviembre del año pasado, la Policía atacó el campus de mi universidad. Y ha pasado casi un año desde que salimos a protestar contra el proyecto de ley de extradición.

Sin embargo, hoy Pekín impuso la ley de “seguridad nacional” en Hong Kong. Esta ley le dará amplios poderes para perseguir a cualquiera que no sea de su agrado. A cualquiera que los critique. A cualquiera que esté en desacuerdo con ellos o los desobedezca. Incluso a cualquiera que hiera su sensibilidad. Oficialmente, los nuevos delitos serán “secesión, subversión contra el poder estatal, terrorismo e interferencia extranjera”. Afirman que se podrán agregar nuevas categorías en el futuro.

Anoche no pude dormir bien; esta mañana, sentí que me despertaba dentro de una pesadilla.

Casi todas las personas con quienes hablé están atónitas:

“No sé qué decir”.

“No puedo ni…”. O simplemente lees un “…”.

Hemos luchado por nuestra libertad y nuestra autonomía. Hemos luchado por el derecho a elegir a quienes nos gobiernan.

El Gobierno que toma ahora el poder sobre Hong Kong es un Gobierno que censura a Peppa Pig y a Winnie Pooh. Es un partido que acostumbra a arrestar feministas, abogados, intelectuales, y que mantiene a las minorías étnicas en campos de concentración.

Contra eso luchamos. Por esta razón estamos desanimados, estamos desolados ante la reciente noticia. Estamos todos agotados.

Pero que quede claro: Pekín sabe que paga un alto precio —todo el precio— de esto. Y aquí, en Hong Kong, les hicimos pagarlo.

Estoy seguro de que ni siquiera Pekín hubiese querido ejecutar esta estrategia nuclear. Hubiese preferido que el partido pro-Pekín y el viciado Consejo Legislativo de Hong Kong hicieran el trabajo sucio. Pero hicimos que Pekín cargara con el costo total.

Hannah Arendt nos enseña que el poder actúa de forma concertada. Pero Pekín actúa sola ahora. Esto no es una muestra del poder de Pekín: es Pekín actuando con la fuerza. No es poder político, es violencia política.

No digo que esto sea un triunfo, o que sea algo para celebrar. Pero hicimos nuestra parte. Los hicimos esforzarse demasiado por ganar. Todo Hong Kong observa. El índice bursátil de la bolsa de Hang Seng ya cayó mil puntos esta mañana. Taiwán observa. Estados Unidos observa. Pekín está sobre aviso, ante los ojos de todo el mundo.

¿Y ahora qué? ¿Qué podemos hacer en Hong Kong? ¿Qué se puede hacer?

Me repito a mí mismo que este es el momento para cuidarme y cuidar a mi gente. Porque debemos soportar este golpe, levantarnos y vivir para luchar un día más.

Cito el famoso cliché de Rocky:

“[La vida] no se trata de pegar fuerte. Se trata de soportar los golpes fuertes y seguir adelante. De cuánto puedes soportar y seguir adelante”.

Pekín no quiere que te levantes. No quiere que sigas luchando. Que tengas esperanza. ¿Y quién en su sano juicio en Hong Kong podría tener esperanza en este momento?

Esta es la reflexión de Rebecca Solnit:

[Hope] it is not the belief that everything was, is, or will be fine. . . . The hope I’m interested in is about broad perspectives with specific possibilities, ones that invite or demand that we act.

La esperanza no es la creencia de que todo estuvo, está o estará bien… La esperanza que me interesa es la de perspectivas amplias con posibilidades específicas, posibilidades que nos invitan y nos exigen que actuemos.

¿Y qué significa actuar? Según Arendt, actuar es impulsar un comienzo. Es hacer algo sorprendente e inesperado que luego tendrá vida propia, porque habrá inspirado a otros, porque otros continuarán, porque actuamos de forma concertada.

Tal vez es un buen momento para recordarnos que Hong Kong fue muy buena para protestar, actuar, ser creativa y sorprender.

Sorprendimos al Gobierno cuando medio millón salimos a protestar contra el proyecto inicial de una ley de seguridad nacional en 2003.

El año pasado, sorprendimos al mundo con una marcha de un millón de personas. Y luego lo volvimos a sorprender, esta vez con una marcha de dos millones de personas. Matamos el proyecto de ley de extradición.

En una de las ciudades más capitalistas del mundo, nosotros mismos nos sorprendimos al crear sindicatos para organizarnos y protegernos contra el Gobierno. Eso dio su fruto cuando, a comienzos de este año, médicos y enfermeros sorprendieron al Gobierno con un paro con el que obligamos al Gobierno a cerrar las fronteras para protegernos del coronavirus.

Dejamos florecer y crecer cientos de muros de Lennon, en Hong Kong y en todo el mundo. Iniciamos el circulo económico amarillo para seguir innovando con las formas de protesta. Y arrasamos en las elecciones del consejo municipal de noviembre de 2019.

Nos negamos a ser domesticados. La libertad nunca es gratuita, pero nos ganamos el alma.

Por favor, practiquen el autocuidado. Tenemos esperanza porque actuamos. Soportamos el golpe, nos levantamos y vivimos para luchar un día más.

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