A 25 años de la masacre de Srebrenica: Conmemoración en medio de negación del genocidio

Illustration by Zoran Cardula, an artist from North Macedonia, marking the 25th anniversary of Srebrenica genocide, featuring the symbolic white flower. Used with permission.

Ilustración de Zoran Cardula, artista de Macedonia del Norte, con ocasión de los 25 años del genocidio de Srebrenica, que incluye la simbólica flor blanca. Usada con autorización.

La conmemoración de los 25 años del genocidio de Srebrenica se caracterizaron, entre otras cosas, por un largo y esperado reconocimiento verbal de varios líderes mundiales.

Diversos jefes de Estado o altos representantes gubernamentales dieron mensajes en video por el genocidio de más de 8000 personas en 1995 —mayormente hombres y niños bosniacos— capturadas por el Ejército Bosnioserbio de la República Srpska al mando de Ratko Mladić y unidades paramilitares que llegaron de Serbia.

Estas declaraciones, emitidas en lugar de la presencia física en la conmemoración debido a la pandemia de COVID-19, incluyeron contribuciones de Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, Pedro Sánchez, primer ministro de España, Mike Pompeo, secretario de Estado de Estados Unidos, el expresidente estadounidense Bill Clinton, Boris Johnson primer ministro del Reino Unido, el príncipe Carlos. También estuvo el exlíder laborista Jeremy Corbyn, que ha sido muy criticado por no haber recoonocido la extensión de las atrocidades nacionalistas serbias en Bosnia y Kosovo.

Otras figuras incluían al primer ministro sueco, Stefan Löfven, y el presidente de la OTAN, el noruego Jens Stoltenberg.

Declaración del primer ministro Stefan Löfven en homenaje a las víctimas del genocidio de Srebrenica.
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Hoy rendimos homenaje a la memoria de las víctimas del genocidio de Srebrenica en 1995. Funcionarios extranjeros participarán en la conmemoración en Potocari con un mensaje en video. Sigue el enlace para ver la declaración del primer ministro sueco Stefan Löfven.

Era particularmente importante para Suecia y su Gobierno tener una postura clara, dado el escándalo de 2019 que involucró al escritor austriaco Peter Handke, a quien la Academia Sueca galardonó con el Premio Nobel de Literatura.

Handke ha usado sus libros para fomentar la narrativa nacionalista serbia sobre las guerras en la antigua Yugoslavia, y su reconocimiento por parte de la Academia desencadenó protestas de sobrevivientes y periodistas que informaron sobre la Guerra de Bosnia, que usaron la etiqueta #BosniaWarJournalists [periodistas de la Guerra de Bosnia]. Intelectuales y activistas también criticaron que se concediera el Premio Nobel a este defensor del régimen de Slobodan Milošević. Se consideró una bofetada a las familias de las víctimas.

(Una nueva controversia surgió este año cuando se supo que se erigiría una escultura de Handke en Banja Luka, la principal ciudad de la República Srpska, bajo dominio de nacionalistas serbios.)

Líderes regionales condenan el genocidio, con dos notables excepciones

Importantes figuras políticas de la región de los Balcanes también emitieron mensajes en video para conmemorar el genocidio de Srebrenica.

Milo Đukanović, presidente de Montenegro, dijo en su mensaje que la idea criminal de exterminar a otra nación que existe en las ideologías de “Gran Poder” también ha estado presente en los Balcanes, en referencia sin duda a la reciente ideología de “Gran Serbia”.

En su declaración oficial, el presidente de Macedonia del Norte, Stevo Pendarovski, señaló:

The Memorial Center and the Mothers of Srebrenica, through a clear message, testify of the collective past and are the conscience of our generation. They do not incite hatred, nor do they seek revenge, for it deepens injustice. They only seek truth and justice as a precondition for peace.
History, not only in the Balkans, teaches us that the idea of ethnically pure territories always leads to tragedy. And the recent Balkan wars have shown that genocide, after the Holocaust, can be repeated. If one generation does not speak, the next will forget, thus leaving a fertile ground for new conflicts.

El Centro de Conmemoración y las Madres de Srebrenica, en un claro mensaje, dan fe del pasado colectivo y son la conciencia de nuestra generación. No incitan al odio, ni buscan venganza, pues profundiza la injusticia. Solamente buscan la verdad y la justicia como precondición de la paz.
La historia, y no solamente en los Balcanes, nos enseña que la idea de territorio étnicamente pura siempre lleva a tragedia. Y las recientes guerras de los Balcanes han mostrado que el genocidio, después del Holocausto, se puede repetir. Si una generación no habla, la siguiente olvidará, lo que deja un terreno fértil para nuevos conflictos.

Esto es un marcado contraste a Serbia y República Srpska, donde el Gobierno serbio no hizo ninguna declaración. Sin embargo, en 2019, Ana Brnabić, actual primera ministra, dijo que no tenía planes de visitar el Centro de Conmemoración de Srebrenica en Potočari y que sería bueno que “dejáramos de revivir malentendidos del pasado”.

Por su parte, el líder bosniio serbio Milorad Dodik dijo que estaba en contra de una ley que penalizara la negación del genocidio en Bosnia Herzegovina, porque la “narrativa sobre un genocidio en Srebrenica era sospechoso”, con respecto al trillado discurso nacionalista serbio sobre el hecho de que el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia es antiserbio.

Varios activistas y ONG en Serbia sí conmemoraron el genocidio, como las Mujeres de Negro, grupos de activistas contra la guerra, que se reunieron en la Plaza de la República de la capital, Belgrado. Policías antidisturbios protegieron a las mujeres de un grupo de nacionalistas que se acercaron coreando el nombre de Ratko Mladić, el general serbio declarado culpable del genocidio en Srebrenica.

Plaza de la República.

Protección a los autores del genocidio

La relación de Serbia con su pasado reciente está ejemplificado en la impunidad de sus criminales de guerra. La red regional de organizaciones no gubernamentales Iniciativa Juvenil para Derechos Humanos emitió un informe de advertencia de que dos criminales de guerra ultranacionalistas condenados —Dragan Vasiljković y Vojislav Šešelj— postulaban a las elecciones de junio de 2020.

Vasiljković sostuvo que lucharía por los “serbios perseguidos en Croacia, Kosovo y Montenegro”, y también trataría de lograr la libertad de Milorad “Legija” Ulemek y Zvezdan Jovanović. Ambos están cumpliendo sentencias por el asesinato del primer ministro serbio Zoran Đinđić en 2003.

El informe también señaló que el Ministerio de Defensa serbio había promocionado libros que niegan las atrocidades serbio bosnias y los crímenes del Ejército Yugoslavo en Kosovo en 1999. Durante años, también se ha acusado a Serbia de albergar a criminales de guerra serbios de Bosnia Herzegovina, incluido Novak Đukić, el general serbio declarado culpable de ordenar el ataque en Tuzla en mayo de 1995, en el que murieron 71 civiles, mayormente jóvenes. Después de su sentencia, Đukić huyó a Serbia y se le ha visto por Belgrado.

El 9 de julio, dos días antes de la conmemoración del genocidio en Srebrenica, Serge Brammetz, fiscal jefe del Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia, advirtió al mundo en un editorial de The Guardian que “varios presuntos genocidas han huido a Serbia y encontrado un lugar seguro ahí, incluidos líderes políticos y comandantes militares”.

Brammertz también escribió que la “negación del genocidio y la glorificación de criminales de guerra imponen tremendo sufrimiento a los sobrevivientes y sus familias. Los líderes de la región han negado públicamente el genocidio, hasta han calificado a Srebrenica de engaño y mentira. Los criminales de guerra condenados por el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia suelen ser recibidos como héroes por destacadas figuras, mientras se ignora, niega y menosprecia a las víctimas”.

Brammetz agregó que se ha pasado el relevo a las cortes regionales. Elogió a Bosnia Herzegovina, pero señaló que “3000 casos más se deben procesar aún, incluidos casos relacionados con Srebrenica”.

Con la cultura de la negación bien arraigada en Serbia y en la República Srpska, la perspectiva de llevar a estos criminales de guerra ante la justicia parece sombría.

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