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Medidas antiterroristas con efectos devastadores para los somalíes norteamericanos

Autobuses en Hargeisa, Woqooyi Galbeed (Somalia). Foto de Charles Roffey en Flickr. CC BY-NC-SA 2.0

Autobuses en Hargeisa, Woqooyi Galbeed (Somalia).
Foto de Charles Roffey en Flickr. CC BY-NC-SA 2.0

Este artículo y reportaje de radio de Ryan Katz para The World se publicó originalmente en PRI.org el 10 de marzo de 2015, y se reedita como parte de un acuerdo de contenidos compartidos.

Abdi Awali tiene una rutina que ha seguido todos los meses durante años: se dirige a una agencia de transferencia de dinero cercana a su casa de Minneapolis, le da al cajero cierta información básica y desliza 100 dólares a través de la ranura. Después entra en Facebook y contacta con su tía en Somalia.

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Sí, ha recibido el dinero. Confirmado.

«Es madre soltera, ¿sabes? —dice Awali— no tiene trabajo, no tiene seguro sanitario, nada. Para nosotros no es mucho, pero para ellos es algo enorme. Solo 50 o 100 dólares son suficientes para todo el mes».

Todos los días hay gente que envía dinero desde Estados Unidos a sus familias en otros países. Estos pagos, llamados «giros», ayudan a pagarlo todo, desde el alquiler al material escolar.

Para los somalíes, los giros son una forma fundamental de conseguir dinero del extranjero, ya que Somalia tiene una fuerte carencia de bancos oficiales. Pero en los últimos meses, los somalíes norteamericanos están teniendo muchas dificultades para enviar dinero a su país, sobre todo desde que el Merchants Bank de California dejó repentinamente de hacer giros. El Merchants es el banco estadounidense más grande de los que aún trabajan con las agencias de transferencias, llamadas hawalas en árabe, en su mayor parte de capital somalí.

Muchos otros bancos han dejado de enviar dinero de EE.UU. a Somalia, ya que el Tesoro los presiona para que se aseguren de que ese dinero no va a parar a manos terroristas. Esta inquietud obedece a la aparición del grupo armado al-Shabab, que según un estudio del Instituto de Estudios de Seguridad, recluta miembros por menos de 50 dólares.

La retirada del Merchants Bank propagó la ansiedad por la comunidad somalo-estadounidense, ya que repentinamente se congeló el sustento de miles de personas.

«Los emigrantes somalíes envían 1300 millones de dólares cada año a sus seres queridos en Somalia —dice Scott Paul, asesor principal de Oxfam América para políticas humanitarias en África Oriental—. Esa cifra es mayor que la suma que el país recibe en concepto de ayuda humanitaria e inversiones extranjeras». La mayor parte de ese dinero girado se utiliza para cubrir necesidades básicas.

Abdulaziz Sugule, jefe de la Asociación de Servicios Monetarios norteamericanos, urge ahora a las pequeñas empresas somalíes de transferencia de dinero —las que solían trabajar con Merchants y otros bancos— para que se asocien con bancos locales de Minnesota. «Es una cuestión humanitaria», afirma.

Hasta ahora, algunos de los bancos están cooperando, pero no está claro cuánto tiempo durarán estos acuerdos.

La inestabilidad asusta a Katra Ismael, un enfermero colegiado que lleva más de 20 años enviando dinero a su familia en Somalia. «Es dinero que has ganado y quieres mandar para que tu familia tenga comida en la mesa», dice.

En el restaurante Sagal, muy popular entre los somalíes de Minneapolis, a Mohammad Noa le inquieta que la congelación de transferencias afecte a su familia de forma diferente. En su país tiene seis hijos, y cree que la desaparición de los giros ayudará al desarrollo de grupos violentos como al-Shabab.

«Cuando los niños no pueden ir a la escuela porque no tienen dinero para pagar la cuota, se hacen vulnerables y escuchan las proposiciones de reclutamiento» afirma.

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