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Azerbaiyán: Khadija está libre, pero otros presos políticos esperan su turno

Photo by Aziz Karimov for EurasiaNet.org, creative commons.

Foto de Aziz Karimov para EurasiaNet.org, Creative Commons.

A finales de marzo, en una carta publicada en el Washington Post y escrita desde su celda de una prisión en Azerbaiyán, la periodista de investigación Khadija Ismayilova, recientemente puesta en libertad, señaló el significado de la inminente visita del presidente Ilham Aliyev a Washington DC para la Cumbre de Seguridad Nuclear:

To get an invitation to this event from President Obama, he had to pardon several political prisoners. Although they have been released from jail, they remain confined within the country, barred from leaving, and justice has not been restored. This is a very costly invitation for Aliyev, who for years refused to accept international pressure or criticism on this issue.

Para recibir una invitación del presidente Obama a esta cumbre, tuvo que indultar a varios prisioneros políticos. Aunque ya han salido de la cárcel, siguen confinados dentro del país, impedidos de salir, y la justicia no se ha recuperado. Esta es una invitación muy costosa para Aliyev, quien durante años se negó a aceptar presión internacional o críticas sobre el asunto.

Ciertamente, hace apenas tres años, parado al costado del presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, el presidente Aliyev dijo: “Primero que nada, me gustaría decir que ninguno de mis opositores políticos está en prisión. Esta es una información absolutamente equivocada. Al mismo tiempo, me gustaría decirles que no hay presos políticos en Azerbaiyán”.

En ese momento, Aliyev se mantuvo a flote con una resolución adoptada durante la sesión de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (APCE) de enero de 2013, que había rechazado una denuncia sobre presos políticos de Azerbaiyán.

A Azerbaiyán también le iba bien económicamente, el petróleo crudo, su mayor producto de exportación, estaba en alrededor de $100 por barril.

“Creo que ese capítulo está cerrado”, dijo Aliyev a un reportero de RFE/RL que le preguntó sobre prisioneros en la reunión con seguridad.

Desde entonces, Azerbaiyán trabajó duro para extirpar toda referencia a presos políticos del vocabulario de su país.

Cero política de realidad

El hecho de que el país no tiene ningún preso político se ha convertido en un mantra oficial desde aquella ocasión, y se repite continuamente en todos los eventos internacionales donde Azerbaiyán recibe críticas por sus malos antecedentes en derechos fundamentales.

En el país, activistas, periodistas y figuras políticas que terminaron tras las rejas nunca recibieron sentencias en base a su activismo u oposición al gobierno.

En cambio, fueron catalogados como prisioneros de todas las clases menos políticos, acusados de delitos que van desde el vandalismo y posesión ilegal de drogas hasta evasión tributaria y abuso de poder.

Pero mientras las autoridades siguen repitiendo terca y estúpidamente la afirmación, para 2015 la lista de prisioneros políticos informada por grupos de derechos llegaba hasta casi cien nombres.

¿Las autoridades en Bakú hubieran adoptado una táctica diferentes si APCE hubiera adoptado una resolución sobre presos políticos en el país?

No se sabe, aunque ciertamente parece poco probable, que Ismayilova hubiera sido puesta en libertad el 26 de mayo sin una concertada presión internacional de Washington y Occidente.

Así que tal vez, si la presión internacional hubiera sido más fuerte cuando Azerbaiyán estaba intensificando su represión en 2013, defensores de derechos como Intigam Aliyev y Rasul Jafarov y miembros del grupo juvenil N!DA no estarían tras las rejas ahora.

En la carta de marzo, Ismayilova también explicó por qué la liberación de estos presos políticos era tan importante.

“Aliyev está descaradamente tratando de usar a los presos políticos como piezas de regateo para avanzar en sus planes de política exterior”, escribió Ismayilova.

O como lo podría decir Aliyev:

Nuestro sistema político es un modelo del sistema político europeo.

Mientras que Khadija Ismayilova ha sido puesta en libertad, la policía detuvo a un reportero gráfico y un activista juvenil el mismo que ella salió de la cárcel.

Dos semanas antes de su libertad, otros dos activistas más fueron detenidos y supuestamente torturados estando detenidos.

Otro activista político fue detenido el 1 de junio a su regreso a Azerbaiyán de Ucrania, en medio de sus planes de asistir al funeral de su madre.

Con 70 presos políticos aún tras las rejas, Azerbaiyán está casi manejando una política de ‘uno entra, uno sale’, y relaja la represión tan ligeramente como parece por préstamos de instituciones financieras occidentales durante un periodo de vulnerabilidad por su economía dependiente de los hidrocarburos.

Los que luchan por las libertades dentro y fuera de Azerbaiyán seguirán pidiendo la liberación de los restantes presos políticos, incluidos los periodistas y blogueros Seymur Hezi, Nijat Aliyev, Abdul Abilov, Rashad Ramazanov, Faraj Karimli y Araz Guliyev así como activistas políticos Fuad Gahramanli e Ilgar Mammadov. La lista también incluye activistas religiosos.

Nadie sabe si estas personas se unirán pronto a sus familias.

Lo más probable es que su destino dependa de qué destacados líderes estén preparados para unirse a Aliyev en la mesa de póquer de los presos políticos para otra ronda de fanfarronadas y aumentos.

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