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En China, las protestas contra el fallo sobre el Mar de la China Meridional saltaron al ciberespacio

U.S. Navy and Republic of Singapore ships steam through the South China Sea for the second of two combined Republic of Singapore and United States naval formations during a division tactics exercise during Cooperation Afloat Readiness and Training (CARAT) 2008. PHOTO: Public Domain via Wikimedia Commons.

Buques de la Marina de los Estados Unidos y la República de Singapur navegando a través del Mar de la China Meridional en el 2008. Imagen: dominio público, Marina de los EE. UU. vía Wikimedia Commons.

El mensaje llegó a las 7:14 p.m. del 12 de julio.

“A los editores de Hong Kong les gustaría que te dirijas a la Embajada de Filipinas hoy para verificar si hay manifestaciones”, mi colega había escrito. “¿Tienes tiempo libre?”

Mientras mi iPhone zumbaba, en mi laptop, Xinwen Lianbo, sin dudas el programa informativo más visto en China, estaba trasmitiendo una declaración del gobierno redactada meticulosamente. Leída palabra por palabra por un presentador de televisión nacional en vivo, informaba a la nación el tan esperado fallo internacional, que había abofeteado a Pekín en la cara.

Unos minutos antes, la pantalla de mi iPad había emitido luces que alertaban la aparición de noticias, las cuales se transformaron rápidamente en la pesadilla de las RR.PP. de China: un tribunal internacional había rechazado los derechos integrales de Pekín sobre el Mar de China, donde el país se ha involucrado en una amarga lucha territorial con varias naciones del sureste asiático. El fallo en el caso, que había sido promovido por Filipinas en el 2013, rápidamente puso a China a la defensiva.

“Parto de inmediato”, le contesté. Como si estuviera respondiendo a un encargo para reportar un desastre, apresuradamente guardé mi computadora portátil, teléfono y billetera en mi bolso y salí corriendo para abordar el taxi que había reservado en línea unos minutos antes.

Hubo menos tráfico del que anticipé. Antes de que el taxista pudiera terminar de despotricar acerca de que China debe actuar más firmemente en el Mar de China, habíamos llegamos al camino que conduce hacia la Embajada de Filipinas en Pekín. Lo que pude observar fue una escena familiar: la policía ya había acordonado el área, anticipándose a las potenciales manifestaciones.

All quiet near the Philippine embassy the evening of the announcement of an international tribunal's ruling disputing China's claims over the South China Sea. Photo by the author.

Todo tranquilo en los alrededores de la Embajada de Filipinas, la tarde en que se anunció el fallo del tribunal internacional sobre la disputa por el derecho de China al Mar de la China Meridional. “. . . Esta vez las personas inundaron los medios sociales chinos”. Imagen del autor.

Pero no había señal de una concentración. Los transeúntes, automóviles, motonetas eléctricas pasaron por el lugar sin percatarse de la presencia de la policía, que equivaldría aproximadamente a una docena de agentes. El otro periodista que estaba allí era el corresponsal de NOS, la cadena nacional holandesa, con quien he trabajado en el pasado.

Di un suspiro de alivio. Ningún manifestante se presentó, quizá porque las personas estaban saliendo del trabajo o llegando a casa para la cena. Tras notificar a mis colegas de que no se realizó ninguna protesta, procedí a tomar un taxi. De camino a casa publiqué un tuit: “La policía acordonó la Embajada de Filipinas en Pekín, anticipándose a las protestas. No hay señal de ellas todavía”.

Mientras revisaba mis Moments de WeChat en el taxi, recibí una masiva cantidad de comentarios en línea, algunos de estos con matices supernacionalistas. A diferencia de las protestas antijaponesas en 2012, que estallaron en varias ciudades de China por el conflicto de las islas Diaoyu, y que ocasionalmente se volvieron violentas, esta vez las personas colmaron los medios sociales chinos con protestas fuertes y explícitas.

Los comentarios en la red sobre el fallo del tribunal fueron abrumadoramente despectivos. Variaban desde apoyo expreso al gobierno chino, el cual ha etiquetado el arbitraje como una farsa, hasta solicitarle al mismo tomar una postura más firme al respecto y, burlas de Filipinas.

“El Mar de la China Meridional le pertenece a China”, era la consigna de muchos. Un comentario irónico extensamente compartido en los medios sociales fue: “Estoy dispuesta a donar todos mis exnovios para que luchen en el Mar de China en caso de que estallase una guerra”.

La animosidad hacia Filipinas de algunos individuos tomó forma de insultos raciales. Una caricatura que circuló en la red retrata a China como un “padre” y a Filipinas como una nación “bananera”. Esta muestra al “padre” abofeteando a un pequeño hombre que comía un banano lloriqueando, con la siguiente leyenda: “Eres un simple vendedor de bananos, ¡cómo te atreves a enfrentarme por el Mar de China!”.

Algunos ciudadanos han exigido boicotear las importaciones provenientes de Filipinas. La información oficial revela que existe un tratado bilateral entre estas dos naciones, el cual ascendió a cuarenta y cinco mil millones de dólares el año pasado, un incremento de 2,7% por encima del año anterior.

Nueve guiones y un derecho histórico

Rodeado al norte por China, y varios países del sureste asiático, el Mar de la China Meridional cubre una extensión de aproximadamente cuatro millones de metros cuadrados. Anualmente transita por sus vías fluviales mercadería valorada en cuatro mil millones de dólares. En el área también abundan los depósitos de petróleo y gas.

Pekín ha estado construyendo islas artificiales y pistas de aterrizaje en áreas de conflicto, afirmando que tiene el derecho de realizarlo pues es su territorio. China asevera que su derecho soberano sobre el mar se deriva de los mapas antiguos. Otras naciones, incluyendo a Filipinas, acusan a Pekín de utilizar su influencia económica y militar para obtener el dominio en la región.

Map showing territorial claims in the South China Sea. Public Domain.

Mapa que muestra la reivindicación territorial en el Mar de China. Dominio público.

Entre tanto, el nacionalismo en China se ha incrementado durante el mandato del presidente Xi Jinping, ya que promueve rutinariamente su “sueño chino“, que visualiza un país más fuerte tanto en el ámbito económico como diplomático. Pregúntele a 10 chinos y nueve de ellos responderán inequívocamente que el Mar de la China Meridional pertenece a China.

Para el día 14 de julio, la etiqueta #China no puede perder ningún punto# fue la tendencia en Sina Weibo, generando seis millones de comentarios que fueron vistos por trescientos noventa millones de usuarios. La referencia del “punto” se asocia a la línea de nueve guiones que utiliza China para delimitar su derecho de la mayor parte del Mar de China.

“El más alborotador en el Mar de la China Meridional”

Unas cuantas horas previo al fallo del 12 de julio, un amigo chino que estudió en Singapur, crítico de su propio gobierno, me había enviado un mensaje por WeChat: “¿Habrá guerra en el Mar de China? ¿Por qué me encuentro odiando cada vez más a los Estados Unidos?”, refiriéndose a la intervención de esa nación en la disputa por el Mar de China. “Suficiente con esos países payasos”, él agregó. “Si es necesario, China debería golpearlos, necesitamos ser más fuertes”.

EE. UU., que posee bases navales en la región Asia-pacífico y es un aliado de Filipinas, no toma oficialmente partido en el asunto, aunque sí tiene intereses vitales en la región, pues está detrás de la política exterior del “eje asiático“.

Previo al fallo, los buques destructores estadounidenses habían estado patrullando las aguas en conflicto como parte de lo que un oficial estadounidense describió como una “presencia rutinaria” de la Marina en la región.

Para muchos chinos, naturalmente, la presencia de esa nación en la región no es grata. A principios de este año, contacté a un comprador de casas por medio de un agente de bienes raíces en Pekín a fin de entrevistarlo para una historia sobre vivienda. Después de que el comprador supiera que trabajaba para una periódico estadounidense, se rehusó a hablar. “¡Los estadounidenses son los más alborotadores en el Mar de la China Meridional!”, gritó enfurecido.

De regreso en la calle cercana a la Embajada de Filipinas en Pekín, me percaté de que una mujer de mediana edad se detuvo para hablar con el policía. En voz baja, ella preguntó: “¿EE. UU. tiene un papel en esto también?

Al percibir cerca mi presencia, el policía se dirigió hacia mí. “¿Qué está haciendo aquí?”, preguntó.

“Soy de la prensa”, respondí.

“Márchese por favor”, dijo él. “No hay mucho que ver por aquí”.

Owen Guo trabaja para un periódico estadounidense en Pekín.

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