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Refugiados en los Estados Unidos conservan las tradiciones musicales vivas con canciones para niños

Marta Sam sings with a classroom of four-year-olds. Credit: Erika Beras

Marta Sam canta con una clase de niños de cuatro años. Crédito: Erika Beras

Esta historia de Erika Beras originalmente apareció en PRI.org el 05 de diciembre del 2016. Se republica aquí como parte de un acuerdo entre PRI y Global Voices.

Marta Sam está rodeada de niños de 4 años llenos de energía. Trabaja en la guardería infantil de St. Martin en Erie, Pennsylvania, guiando a los niños mientras cantan y bailan.

Sam canta en árabe, luego en inglés. Lleva a los estudiantes a través de una canción congolesa, seguida por “Five Little Monkeys Jumping On The Bed” (Cinco pequeños monos saltando en la cama). Los niños siguen sus instrucciones, bailando y coreando sus canciones favoritas. Sam está acostumbrada a esto.

“Cuando me ven en el aula dicen: Señorita Marta, ¿podemos hacer esto? Señorita Marta, ¿podemos cantar esto? Señorita Marta, ¿podemos saltar?”, cuenta ella. “Claro, saltaré con ellos y haré cosas tontas con ellos – trabajar con niños significa involucrarse en su mundo y solo… pasar el tiempo con ellos”.

Sam, de 59 años, es una educadora itinerante en la guardería infantil St. Martin. Ella va de aula en aula y canta canciones de cuna de todo el mundo con los niños. Originaria de Sudán meridional, vino a los 13 años a Erie como parte de la primera oleada de miles de refugiados que se reubicaron en esta pequeña ciudad del Cinturón industrial.

Trabajó en una fábrica de plásticos y empezó a aprender el inglés. Luego escuchó que podía obtener formación laboral para desempeñarse en guarderías infantiles. A cambio, compartiría las canciones tradicionales que había cantado a sus hijos cuando eran pequeños.

Era todo lo que necesitaba.

“Oh, cambió mi vida muchísimo… Soy alguien ahora”, dice.

Sam trabaja en St Martin gracias a Old Songs, New Opportunities (Viejas Canciones, Nueva Oportunidades), un programa forjado por Kelly Armor, una folclorista y educadora del Museo de Arte de Erie. Armor es de Erie, pero pasó tiempo en la década de 1980 estudiando canciones tradicionales en Kenia y Tanzania. Cuando notó que los refugiados se habían establecido en Erie en los últimos años, tuvo una idea.

“¿Podría ser que… hay mujeres refugiadas que les encantaría trabajar con niños? ¿Y podría ser que conozcan muchas canciones y cómo utilizarlas con los niños?”, se preguntó.

Resultó que si sabían y en algunos casos las canciones eran todo lo que habían traído a los Estados Unidos. Ese fue el caso de Victoria Angelo, quien es también de Sudán meridional.

“No estaba en condiciones de ofrecer algo. “No tenía platos, nada, ni ropa”, manifiesta”. Lo que realmente traje conmigo fueron las canciones”.

Pero de alguna manera las canciones representaban todo lo que hacía falta.

“Es solo expresar nuestros sentimientos, nuestra felicidad, nuestra tristeza, el desarrollo de la guerra, hablar sobre el clima, cuando hay una fuerte lluvia, cuando hay sequía”, cuenta.

Victoria Angelo and some of the toddlers she works with. Credit: Erika Beras

Victoria Angelo y algunos de los niños con los que trabaja. Crédito: Erika Beras

Armor, la folclorista, obtuvo financiamiento para capacitar a mujeres como Angelo y Sam para que puedan conseguir puestos de trabajo en cuidado de niños. Entonces, tal y como había hecho en África, recopiló y tradujo sus canciones.

La combinación de formación laboral y tradición musical ha sido un éxito, el museo lanzó un CD. Angelo canta algunas de las canciones, como aquella de la gente de Acholi que se canta cuando un bebé comienza a dar sus primeros pasos.

“Es una forma de llamar al bebé que tambalea hacia ti y luego le cantas a ese bebé para dar la vuelta y por último alguien más le canta a ese bebé”, explica Armor.

En los Estados Unidos, algunas de las canciones más populares para niños ya vienen del exterior – piensa en “London Bridge Is Falling Down” (El puente de Londres se está cayendo) o “Ring Around The Rosie” (La Ronda). Pero cada país y cultura tiene este tipo de canciones y con la migración y asimilación, se pueden perder o fortalecer.

Armor ha archivado casi cien canciones de casi igual número de países y culturas. Son acerca de todo: animales, emociones, experiencias.

Una canción de Nepal es sobre escalar árboles de mango en el recreo para recolectar fruta madura.

“Pero al final de la canción el timbre suena y no consigues el mango”, comenta. “Pienso en eso como algo así, bueno ahí tienes, hay una verdad eterna. El recreo nunca será suficiente. Algunas veces no tienes tiempo para comer ese mango”.

Aquí hay una selección de las canciones del CD “Simba La La: World Music for Children,” cortesía del Museo de Arte de Erie.

Esta canción es sobre la mosca verde, un insecto encontrado en el sur de Asia. Describe con amor la mosca y luego pregona que la mosca se encuentra mejor cuando está al aire libre.

Cuando los niños congoleses cantan esto, baten sus manos a ambos lados de sus cabezas:

Esta canción es similar a la clásica canción infantil estadounidense “I’m A Little Teapot (Soy una pequeña tetera)“:

La traducción en inglés de esta canción utiliza lugares de Erie que los niños reconocerán:

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