La prohibición de viajar, Japón y yo

Used bookstore in Jinbocho, Tokyo

Tienda de libros usados en Jinbocho, Kanda, Tokio. En mis visitas anuales a Japón, dedico varios días a visitar librerías. Hace 872 días visité este local. Foto de Nevin Thompson (CC BY-NC 2.0)

Han pasado 879 días –dos años, cuatro meses y 26 días– desde la última vez que pisé Japón. Es la ausencia más larga del país en 27 años: 10 009 días, para ser exactos. Gracias a las estrictas y, en cierto modo, incomprensibles restricciones de viaje por COVID-19 de Japón para los extranjeros, es difícil saber cuándo podré volver. Por otro lado, otras personas atrapadas fuera de Japón lo tienen mucho peor.

Japón ha prohibido la entrada de visitantes no japoneses al país desde principios de abril de 2020 y el comienzo de la pandemia. Mientras que el país recibió al menos 32 millones de visitantes en 2019, a finales de 2021 ese número se había reducido a solo 190 000.

En respuesta a la aparición de la variante ómicron de COVID-19 a finales de noviembre, los burócratas no elegidos impusieron restricciones de entrada aún más draconianas. Durante unos días en diciembre de 2021, nadie pudo entrar en Japón, lo que dejó a los japoneses varados fuera del país hasta que los políticos elegidos intervinieron.

Sin embargo, sigue siendo prácticamente imposible que todo no japonés, aparte de los residentes permanentes (que yo no soy), entre en el país. Incluso si pudiera convencer al consulado de Vancouver de que me permitiera viajar a Japón, tendría que pasar la cuarentena con mi familia durante siete días en un hotel autorizado, cuyos gastos debo asumir yo. Con una familia de cuatro personas, esto es muy caro, potencialmente muy claustrofóbico y muy aburrido, y además reduce el poco tiempo que podríamos pasar en el país.

De todos modos, no se me permite entrar en Japón, así que sigo contando los días.

Toro Nagashi , Tsuruga Japan

Toro Nagashi (Festival de los Faroles), Bahía de Tsuruga, Japón, hace 899 días. Cada año, al final del Obon, el festival anual de los muertos, los faroles que simbolizan a los antepasados zarpan hacia el más allá. Foto de Nevin Thompson(CC BY-NC 2.0).

Casi todos los no japoneses que pasan mucho tiempo en el país celebran cada año su «aniversario japonés». Para mí, es el 6 de septiembre de 1994, el aniversario de mi llegada a Japón. Recuerdo haber sobrevolado la brillante expansión de Osaka a primera hora de la tarde, haber viajado en un tren Hankyu de color vino con asientos verdes y paneles de imitación de madera hasta Nishinomiya, y mi primera comida, onigiri (bola de arroz) de atún de Lawson.

Me trasladé de Japón con mi familia, incluido un perro, 3506 días después, el martes 12 de abril de 2004. Había decidido mudarme a Canadá en abril de 2004 con la esperanza de hacer algo más que enseñar conversación en inglés. Pero tenía pocas perspectivas «en casa» y muy poco dinero. Pensé que nunca podría volver a Japón. Me deprimí.

Felizmente, 759 días después, volvimos a Japón. Desde entonces, he podido pasar al menos una parte del año en Tsuruga.

¿Cuál es mi conexión con Japón? ¿Por qué siento la necesidad de volver a Japón con frecuencia para sentirme completo? Sé que no soy el único que se siente así.

No vuelvo a «Japón». Vuelvo a Tsuruga, pequeña ciudad en la costa del mar de Japón que la mayoría de los japoneses ni podrían encontrar en un mapa. Mi suegra vive allí, al igual que mi cuñada y su familia. Mis hijos son ciudadanos japoneses, y necesitan mantener una importante conexión con su país y su cultura. Las tumbas de la familia están en Tsuruga, los muertos de la familia vuelven a casa cada agosto a Tsuruga, para el Obon, festival de los muertos. Intentamos estar ahí para ellos.

En nuestra casa de Canadá hablamos el dialecto de Tsuruga, que puede sonar extraño para otros japoneses que viven í en Victoria. Tsuruga tiene su propio sabor de salsa de soya y miso, y el arroz que se cultiva en el propio barrio. Hay aguas termales en las cercanías, playas y una piscina en las colinas.

The Kuroko River in Tsuruga, Fukui

Piscina del río Kuroko, en Tsuruga, Fukui. La última vez que estuve aquí fue hace 895 días. Foto de Nevin Thompson (CC BY-NC 2.0).

Cuando llegué a Japón con poco más de veinte años, maduré hasta convertirme en un adulto. Muchos de mis gustos, intereses y sensibilidades estaban profundamente relacionados con Japón, como el sabor de la salsa de soya, el miso y el alcohol, todos locales en la pequeña ciudad rural donde vivía.

Los programas de televisión, los periódicos, las revistas, las bibliotecas… en mis visitas anuales a Japón, reservaba varios días solo para visitar librerías.

Hasta que el COVID-19 me desterró del país, Japón formaba parte de mi identidad. Pero la conexión se está desvaneciendo, la atracción es más difícil de explicar.

Sin embargo, muchos otros lo tienen mucho peor que yo. Vidas enteras suspendidas o destruidas por la prohibición de viajar de Japón COVID-19. Entre 150 000 y 370 000 estudiantes y trabajadores tienen bloqueada la entrada a Japón, y han renunciado a trabajos, becas y carreras académicas.

Las familias se han visto divididas por unas normas de entrada en la frontera aparentemente punitivas, crueles y sin sentido.

Tu ironía del día: la fundación japonesa financia una conferencia multidisciplinar sobre «COVID y Japón», pero como Japón no admite extranjeros, la celebran en… Bangladesh.

Sin embargo, somos afortunados. Aunque nos encantaría ver a nuestra familia en Tsuruga lo antes posible, mi esposa y yo podemos permitirnos esperar, absortos en la vida que hemos construido a este lado del Pacífico.

Mientras que la opinión pública japonesa ignora en gran medida todo esto, las empresas japonesas, que antes de la prohibición de viajar por el COVID-19 dependían cada vez más de trabajadores inmigrantes, se están impacientando con el Gobierno japonés. También se están organizando en todo el mundo protestas contra la prohibición japonesa por el COVID-19.

En respuesta, el Gobierno japonés solo ha dejado entrar a algunos estudiantes. Algunos políticos están sugiriendo que se relajen las restricciones de entrada en los próximos meses.

Todavía estoy contando los días. ¿Podré volver a Tsuruga para el comienzo de las vacaciones de julio? ¿O tendré que esperar a las vacaciones de fin de año? O, ¿podré siquiera entrar en 2022?

Sin embargo, la mayoría de las personas con trabajo, escuela u otras conexiones con Japón deben esperar. O deben hacer otros planes.

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