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Los líderes australianos hacen voto de silencio sobre la situación de los derechos humanos en China

El primer ministro australiano Malcolm Turnbull con el presidente chino Xi Jinping el pasado abril. Foto: Malcolm Turnbull, página pública de Facebook.

El primer ministro australiano Malcolm Turnbull con el presidente chino Xi Jinping el pasado abril. Foto: Malcolm Turnbull, página pública de Facebook.

Tras la visita relámpago del primer ministro australiano Malcolm Turnbull a China los pasados 14 y 15 de abril, muchos cuestionan su decisión de mantener la boca cerrada sobre la situación de los derechos humanos en el país asiático.

Con un séquito de 1000 empresarios a cuestas, el viaje de 36 horas escasas sirvió para que Turnbull lograra un acuerdo para fomentar el turismo entre Australia y China, anunciara un programa conjunto de investigación y ciencia dotado con 100 millones de dólares y firmara un convenio para dar relieve al fútbol australiano. Aunque el primer ministro aseguró a la prensa que también se había tratado el tema de los derechos humanos, dejó claro que esas discusiones se mantendrían estrictamente a puerta cerrada.

El primer ministro australiano trató los derechos humanos con el premier Li. Dice que «esos asuntos siempre se discuten», pero no dio detalles específicos

El tuitero Bernie Zarsoff señaló la diferencia de tono con respecto a la visita del ministro iraní de Asuntos Exteriores Javad Zarif en el mes de marzo:

Los líderes no parecen tener problemas a la hora de criticar países como Irán, entonces, ¿por qué tanto cuidado con China?

La reticencia de Turnbull a la hora de revelar información específica está en línea con la tendencia de los altos cargos australianos de evitar la confrontación pública con China por el tema de los derechos humanos. A principios de febrero, la ministra de Exteriores Julie Bishop también se mostraba renuente a comentar si había transmitido a sus colegas chinos su preocupación por las amenazas y detención de al menos 170 abogados en China:

I have raised these issues in the appropriate place which was in the ministerial and other meetings that I’ve held today. And I won’t go into the details, I don’t think that would be useful.

He planteado estos asuntos en el lugar adecuado, que es la reunión ministerial y otras reuniones a las que he asistido hoy. Y no voy a entrar en detalles, no creo que valga para nada.

Parece que incluso un «me gusta» en los medios sociales viola este voto de silencio tácito y autoimpuesto.

Días antes del viaje de Turnbull, el tesorero Scott Morrison afirmó que su cuenta había sido pirateada después de que apareciera un «me gusta» de su parte a una columna de opinión escrita por la directora en Australia de Human Rights Watch, Elaine Pearson, en la que exhortaba al primer ministro a incluir los derechos humanos en la agenda del viaje a China:

Malcolm Turnbull is to make his inaugural visit to China as Australia’s prime minister against the backdrop of a new bilateral free-trade agreement and growing unease over tensions in the South China Sea. It would be a mistake, however, if Turnbull’s talks in Beijing focus only on trade and security.

The Chinese government is imposing the most intense crackdown on civil society in at least two decades. Turnbull should not ignore the backdrop of repression that has intensified under the three years of President Xi Jinping’s rule.

Malcolm Turnbull va a hacer su visita inaugural a China como primer ministro australiano con el telón de fondo de un nuevo acuerdo bilateral de libre comercio y una creciente inquietud sobre las tensiones en el Mar de China. No obstante, sería un error si las conversaciones de Turnbull en Pekín se centraran únicamente en el comercio y la seguridad.

El gobierno chino está ejerciendo sobre la sociedad civil la represión más severa de las dos últimas décadas. Turnbull no debería ignorar este clima de opresión, que se ha intensificado durante los tres años de gobierno del presidente Xi Jinping.

El editor político de BuzzFeed Australia, Mark Di Stefano, fue de los primeros en responder a la inusual intervención de Morrison en Twitter.

Pues muy bien. El reciente «me gusta» del tesorero en Twitter es bastante interesante, en plena visita del primer ministro a China.

En menos de una hora, el controvertido «me gusta» había desaparecido. Un tuit posterior de Morrison culpó del desliz a una supuesta actividad no autorizada.

Parece que alguien no autorizado podría haber accedido a mi cuenta de Twitter. Ya se ha rectificado.

A los australianos les faltó tiempo para criticar la reacción del tesorero:

Épico. Diputado Morrison, intente reservar la excusa del «hackeo» para cosas más vergonzosas que hacer un «me gusta» a los derechos humanos.

No se preocupe, diputado Morrison, ya sabemos que no vino de usted, porque si no cree en los derechos humanos de Australia, cómo va a creer en los de China

Diputado Morrison, ¿ha tuiteado accidentalmente algo compasivo, honesto o íntegro con su puesto en el gobierno?

Supongo que en realidad al tesorero no le gustó mi artículo sobre China. Aun así espero que lo lea.

Cuando se habla públicamente de los derechos humanos en China, suele hacerse desde un punto de vista menos personal que institucional. Por ejemplo, Australia fue uno de los doce países que firmaron un acuerdo conjunto del Consejo de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos que condenaba la escalada represiva de China contra activistas de derechos humanos. Un «intercambio de opiniones franco y constructivo» se produce también en los infrecuentes diálogos chino-australianos sobre derechos humanos, el último de los cuales se llevó a cabo en febrero de 2014, sin asistencia del primer ministro ni de ningún miembro de su gabinete.

Explicación al silencio de la cúpula

Existen varias teorías para explicar el visible silencio de los altos cargos políticos australianos sobre los derechos humanos en China, que por cierto, es el principal socio comercial de Australia.

Quizás lo más evidente es la necesidad que tiene el gobierno de evitar que las susceptibilidades sobre los derechos humanos interfieran en el Acuerdo Chino-Australiano de Libre Comercio (ChAFTA), que entró en vigor el pasado mes de diciembre. El gobierno promociona con entusiasmo este convenio, que incluye reducciones arancelarias para las exportaciones australianas, prometiendo que será «[esencial para] el futuro crecimiento económico, la creación de empleo y la mejora del nivel de vida, gracias al aumento del comercio de bienes y servicios, así como de las inversiones».

Otros creen que el gobierno teme que se le acuse de hipocresía, a la luz del denostado tratamiento que aplica Australia a los refugiados políticos y a su propia población indígena.

¿O no quieren que China los critique por su hipocresía sobre el tratamiento de aborígenes y refugiados?

Hay otra posible explicación: los líderes australianos son simplemente demasiado corteses para criticar a China.

Malcolm Turnbulles un señor muy educado y no va a reprender a un país anfitrión sobre derechos humanos reales o imaginarios.

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