Vacuna COVID-19 en África: Atrapados entre la diplomacia de poder blando de China y nacionalismo vacunal de Occidente (primera parte)

La gente toma precauciones en Malí contra el COVID-19. Imagen del Banco Mundial/Ousmane Traore, 18 de marzo de 2020 (CC BY-NC-ND 2.0).

Nota editorial: Este es un análisis en dos partes sobre la política detrás de la adquisición de vacunas COVID-19 de África. El continente parece obligado a mirar hacia China y no Occidente. Lee la segunda parte aquí.

El 5 de enero, el Gobierno nigeriano manifestó su interés por adquirir las vacunas COVID-19 de China.

Geoffery Onyeama, ministro de Asuntos Exteriores de Nigeria, declaró que Nigeria está «comprometida con China» para acceder a las vacunas COVID-19 para el país, en conferencia de prensa en Abuja con Wang Yi, ministro de Asuntos Exteriores chino en Abuja.

Hoy tuve una reunión bilateral con Wang Yi, consejero de Estado y ministro de Asuntos Exteriores de China. Firmado un acuerdo para establecer un comité intergubernamental para coordinar la cooperación entre nuestros dos países.
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El anuncio de Onyeama fue significativamente interesante, ya que ofreció un sello oficial a muchos países africanos que se dirigen hacia Pekín -y no a Occidente- para adquirir la vacuna contra el coronavirus para sus poblaciones. Kenia también ha manifestado su interés por las vacunas chinas.

Hasta el 29 de enero, Nigeria había registrado 127 024 casos confirmados de COVID-19, 100 858 recuperaciones y 1547 muertes. En diciembre de 2020, la nación más poblada de África registró «un fuerte aumento» de casos y muertes relacionados con el COVID-19, según el Centro de Control de Enfermedades de Nigeria.

Entre diplomacia de poder suave y nacionalismo de vacunas

¿Por qué los países africanos recurren a China para obtener vacunas? Por un lado, China ha asegurado grandes descuentos a las naciones africanas, mientras que Occidente está inmerso en sistemas de economía de mercado y vinculados a empresas farmacéuticas privadas, con vacunas de precios altos.

Pero la disposición de China de distribuir vacunas a África de forma prioritaria –y con descuentos– hace que los analistas se pregunten sobre su uso de la «diplomacia del poder blando» en el continente.

Joseph S. Nye, Jr., profesor emérito de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard, describe el poder blando como la «capacidad de influir en los demás para obtener los resultados que uno desea a través de la atracción y la persuasión en lugar de la coerción o el pago».

Yangzhong Huang, director de estudios de salud global en la Escuela de Diplomacia y Relaciones Internacionales de la Universidad de Seton Hall, dijo a The World que la diplomacia de «poder blando» en África con las vacunas COVID-19 está mejorando la imagen de China, y también está replanteando la narrativa sobre la gestión de la pandemia mundial por parte de China. En consecuencia, China también «se ha presentado como una potencia mundial benigna», dice Huang.

Por otro lado, el enfoque de nacionalismo de vacunas de Occidente se apoya en las empresas privadas y en el sistema de libre mercado para determinar quién recibe la vacuna.

A mediados de enero de 2021, se habían comprado más de 7000 millones de dosis de vacunas en todo el mundo. Sin embargo, un pequeño grupo de países ricos –que comprende apenas el 16 % de la población mundial– ha adquirido «4200 millones de dosis», lo que se traduce en el 60 % de las vacunas COVID-19, según el Instituto de Salud Global de la Universidad de Duke (DUGHI).

Canadá ya ha ordenado suficientes dosis potenciales «para cubrir más de cinco veces su población» y otros países de altos ingresos, como Estados Unidos, tienen vacunas más que suficientes para «cubrir varias veces su población», afirma el DUGHI.

El nacionalismo de vacunas de Occidente tiene al resto del mundo –especialmente a los países africanos– buscando alternativas.

Comparaciones entre vacunas de COVID-19 chinas y occidentales

Dos empresas chinas, Sinovac y Sinopharm, han producido vacunas contra el coronavirus. La CoronaVac de Sinovac se considera una vacuna inactivada que emplea «partículas virales muertas para exponer el sistema inmunitario del cuerpo al virus sin arriesgar una respuesta grave a la enfermedad». Sinopharm también produce una vacuna inactivada que funciona de forma similar.

Por otro lado, las vacunas (mensajero) de ARNm de Moderna y Pfizer inyectan en el cuerpo un coronavirus atenuado, lo que desencadena «una respuesta inmunitaria» que «produce anticuerpos» dentro del organismo, lo que «nos protege de infectarnos si el virus real entra en nuestro cuerpo», según el Centro de Control de Enfermedades.

Sinovac y Sinopharm, como todas las vacunas inactivadas, están mejor situadas para la mayoría de los climas africanos porque pueden almacenarse a una temperatura de refrigerador estándar, entre 2 y 8 grados Celsius. La vacuna de Pfizer-BioNTech requiere un almacenamiento en frío, en el congelador, a -80 grados Celsius.

La vacuna de Moderna para el COVID-19 «llega congelada al centro de pedidos entre -25 y -15 grados Celsius», pero puede almacenarse a «temperaturas de refrigerador estándar, de 2 a 8 grados Celsius, durante 30 días». Por lo tanto, también es adecuada para la mayoría de las zonas rurales de África.

Pero la eficacia de la vacuna CoronaVac de Sinovac está llena de confusión.

El 13 de enero, CoronaVac obtuvo un 50,4 % de eficacia, tras los ensayos clínicos de fase III realizados por el Instituto Butantan de Brasil, informa el periódico en lina South China Morning Post.

Esta cifra es muy inferior a los datos que publicó el Gobierno brasileño una semana antes, que dio un 78 % de eficacia a la vacuna tras un ensayo de última fase.

La eficacia de la vacuna de Pfizer-BioNTech es del 52 % tras la primera dosis y aumenta al 95 % tras la segunda, según un estudio publicado en el Diario de de Medicina de Nueva Inglaterra. La vacuna de Moderna para el COVID-19 tiene una eficacia del 94,5 % pra prevenir la enfermedad.

Cada dosis de la vacuna de Moderna cuesta entre 32 y 37 dólares, mientras que la vacuna de Pfizer-BioNTech cuesta 20 dólares por dosis. Ambas vacunas se administran en dos dosis. El costo de CoronaVac parece variar: 200 yuanes (unos 30 dólares) por dosis en China, y entre 5 y 38 dolares por dosis en los países del sudeste asiático.

Un equipo de la Organización Mundial de la Salud está en China trabajando con los productores de las vacunas COVID-19, Sinovac y Sinopharm, para evaluar el cumplimiento de las prácticas internacionales de fabricación de calidad antes de la posible inclusión en la lista de uso de emergencia de la Oganización Mundial de la Salud.
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Varios países, como Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Jordania e Indonesia, han autorizado las vacunas COVID-19 producidas en China para uso de emergencia.

Las vacunas chinas se han aceptado en Brasil, Indonesia, Filipinas y Turquía, donde también se prevé su producción.

La «ruta de la seda» de China en África

Llegada de suministros médicos al aeropuerto internacional OR Tambo donados por la República Popular China a Sudáfrica para ayudar en la lucha contra el COVID-19. Imagen de GCIS, 13 de abril de 2020 (CC BY-ND 2.0).

La cooperación médica de China en África comenzó en 1963, cuando enviaron su primer equipo médico a Argelia, en el norte de África.

Más de 20 000 profesionales de salud chinos han trabajado en distintas partes de África desde 1963, y unos 200 millones de africanos se han beneficiado de las intervenciones médicas chinas en el continente.

La ayuda sanitaria de China al continente ha «crecido sustancialmente» gracias al aumento de la accesibilidad de los servicios médicos, los sistemas de salud pública y el desarrollo de la «capacidad de los trabajadores sanitarios en los países africanos», afirman el doctor Garrison Daly y otros seis especialistas en salud pública.

Kris Lancaster y otros dos colegas del Consejo de Relaciones Exteriores, grupo de expertos sobre política exterior de Estados Unidos, describieron la «ruta de la seda de la salud» como el esfuerzo de China «por refundarse como líder responsable de la salud mundial» y promover una «amplia campaña de diplomacia pública con ayuda médica a todo el mundo».

La ruta de la seda de la salud es una extensión de la ambiciosa Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), estrategia de desarrollo de infraestructura global iniciada por el Gobierno chino en 2013 para invertir en casi 70 países.

Pero esta ayuda sanitaria ha sido calificada de «oportunista» o manifestación del «poder blando» chino, o de intento de explotar los «recursos naturales» o de conseguir «favores políticos» de los países africanos, según un estudio realizado por el doctor Shuang Lin, especialista en medicina familiar de El Cajón (California), y otros.

Esta percepción persiste hasta hoy. Sin embargo, se ha ampliado con la pandemia de COVID-19, tras la magnánima ayuda de China a los países africanos para mitigar la propagación del virus.

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