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Exclusión y juicios no resolverán la delincuencia en Trinidad y Tobago

Escombros esparcidos por la calle en Beetham Gardens, Puerto España, Trinidad. Foto de BBC World Service (2012), CC BY-NC 2.0.

Beetham Gardens, comunidad de bajos ingresos en el área de Laventille, a las afueras de Puerto España, capital de Trinidad, es un cúmulo de contradicciones. Tiene una larga historia de innovación y creatividad como cuna del tambor metálico, el instrumento nacional del país, y varios músicos y artistas exitosos proceden de ahí. Pero Laventille también tiene la etiqueta de “punto caliente”, de que los delitos violentos y las bandas de maleantes prosperan en el lugar.

Aunque algunos internautas aceptan contentos estas etiquetas, otros las cuestionan.

En 2011, cuando el gobierno del Congreso Nacional Unido (UNC), presidido por Kamla Persad-Bissessar, declaró un estado de emergencia limitado ─debido obviamente al creciente índice de delincuencia en el país─, un gran número de hombres negros (muchos de la zona de Laventille) fueron arrestados y retenidos en lo que muchos consideraron racismo autorizado por el Estado. A la mayoría los liberaron poco después, aunque persiste esa imagen de la zona, que a menudo alimenta profundos estereotipos raciales y sociales.

Un documental de Vice News de 2014, titulado Murder and Corruption in Trinidad (“Asesinato y corrupción en Trinidad”) no ayudó a cambiar esta generalizada percepción; no obstante, sugería que ciertos políticos y empresarios no solo son cómplices, sino que podrían ser los que llevan la voz cantante. No es de sorprender que los “peces gordos” operen con total impunidad, mientras que los delincuentes de la calle se llevan la mala fama. Es el resultado de décadas de abuso y negligencia en la zona, de ostracismo de quienes viven allí y falta de interés en sus problemas. A menudo se acusa a los trinitenses de no protestar ante la injusticia hasta que les afecta directamente.

Mientras tanto, la gente de Laventille lucha contra la mala calidad del aire (Beetham Gardens está situado frente al mayor vertedero del país), las dificultades económicas y la violencia.

El 23 de noviembre de 2017, algunos habitantes de Beetham Gardens, que bordea la principal carretera de entrada y salida de Puerto España, capital de Trinidad, se hartaron. Iniciaron una protesta lanzando piedras a los vehículos que pasaban, disparando con armas de fuego y bloqueando la carretera con viejos electrodomésticos y otros desechos. Hubo algunas denuncias de robos.

Sus acciones fueron promovidas por dos “líderes comunitarios” (término generalmente entendido como eufemismo para los jefes de banda) de la zona, Kenneth Rodriguez, Español, y Ancel Villafana, Químico. La profesora universitaria Rhoda Bharath, especializada en temas políticos, puso la situación en contexto al vincularla al documental de Vice News, que describía al Español como “el único de la comunidad que conseguía trabajos y servicios sociales para el empobrecido barrio”. Ambos hombres fueron liberados posteriormente.

Durante la protesta, los ciudadanos atrapados en el caos no tardaron en tomar sus teléfonos móviles y grabar los incidentes que se produjeron. Después publicaron estos videos a Internet, y sus experiencias se propagaron rápidamente en redes sociales como Facebook o plataformas de mensajería como Whatsapp.

Ya entonces hubo una inmediata reacción por parte de los usuarios de medios sociales. Palabras como “hartos” o “indignados” se podían leer en los muros de muchos internautas, y algunos incluso sugerían represalias violentas contra los manifestantes. Voces como Akins Vidale, de sitio web de noticias Wired868, que advirtió de los peligros de una sociedad dividida, no consiguieron hacerse oír.

En un intento por comprender y arrojar luz sobre la raíz de la situación, en lugar de limitarse a vocear su frustración, Vidale publicó recientemente otra entrada en su blog sobre el problema. Tras señalar que en noviembre de 2017, la respuesta del Gobierno fue “condenar firmemente el incidente” y afirmar que “nadie va a tomar este país como rehén”, preguntó:

Nine days passed. Has authority addressed the problem?

Han pasado nueve días. ¿Ya ha puesto la autoridad manos a la obra para solucionar el problema?

“Nueve días” es una expresión local que básicamente significa que un tema ya ha perdido actualidad. No obstante, el “problema” aunque complejo, se resume en esta perspectiva que publicó el usuario Lisle Waldron en Facebook:

Y’all are a trip. […] Y’all feel unsafe when you see, hear, and feel the criminal Beetham element. Y’all outraged because Beetham dare crawl out from their holes and gutters.

Y’all weren’t up in arms when the criminals in the opposition inconvenienced you by screwing up the central bank. Y’all weren’t mad when the criminals in the opposition put Jwala [former Central Bank governor] there to assist in the largest transfer of wealth in our nation’s history. Y’all weren’t this upset when the criminals in opposition paid off reporters, shut down SAUTT [Special Anti-Crime Unit of Trinidad and Tobago] […] paid off gang leaders and cartels with construction contracts, and the rest. Y’all weren’t even mad when UNC voters protested after [it lost the 2015] elections up to the other day – blocking roads and burning tires.

Y’all weren’t mad. But I guess it’s maddening when poor people of color step out and do the same things. Cause they have the county crime full. They have the USD short. They gave themselves the handouts and contracts to build police stations. They arranged the 400 million payouts in life sport [a corruption-riddled sports programme run by the previous government].

Y’all weren’t mad. Y’all were complicit. Take a look at self oui. Rest and reflect. The country not in a mess because the UNC’s spin agents say so on your WhatsApp message. It’s in a mess because they did as they pleased and y’all NEVER ONCE GOT MAD.

Son increíbles. (…) Todos se sienten inseguros cuando ven, oyen o notan el elemento criminal Beetham. Todos se sienten ultrajados porque Beetham se ha atrevido a reptar fuera de sus agujeros y cloacas.

Ninguno se levantó en armas cuando los delincuentes de la oposición los incomodaron con su saqueo al banco central. Ninguno se indignó cuando los delincuentes de la oposición colocaron allí a Jwala [antiguo gobernador del banco central] para que ayudara en la mayor transferencia de riqueza en la historia de nuestro país. Nadie estaba tan disgustado cuando los delincuentes de la oposición pagaron periodistas, clausuraron SAUTT [unidad especial contra el crimen de Trinidad y Tobago] (…), pagaron a jefes de bandas y cárteles con contratos de construcción y todo lo demás. Ninguno se indignó ni siquiera cuando los votantes de la UNC protestaron después de las elecciones [que perdieron en 2015] hasta el día siguiente, con bloqueo de carreteras y quema de neumáticos.

Nadie se indignó. Pero supongo que es indignante que la gente pobre de color salga y haga las mismas cosas. Porque tienen la culpa de que aumente la delincuencia en el condado. Y de que no haya divisas. Se adjudicaron el dinero y los contratos para construir comisarías. Organizaron los 400 millones en pagos de LifeSport [programa de deporte plagado de corruptelas gestionado por el anterior gobierno].

Todos se indignaron. Todos fueron cómplices. Fíjense en ustedes mismos. Relájense y reflexionen. El condado no es un desastre porque los agentes de la UNC lo digan en su WhatsApp. Es un desastre porque han hecho lo que han querido y ninguno de ustedes SE INDIGNÓ NI UNA SOLA VEZ.

Noviembre de 2017 no era la primera vez que los residentes de Beetham protestaban, pero la criminóloga Renee Cummings observó que “el manual de estrategia de Beetham nunca se ha actualizado”. Cummings se refería a la lucha contra la delincuencia, pero también se puede argumentar que la forma de ver a la comunidad de Beetham ─por parte de los sucesivos gobiernos, los medios y el público en general─ tampoco ha evolucionado.

Tomemos, por ejemplo, una reciente colaboración publicada en Wired868, que se refería esos delincuentes como “pestes”, y daba consejos “a las que han parido a esos malditos estorbos”:

Keep your blasted legs closed because you are giving birth to unwanted children who become burdens to society. If you don’t want them, you think society will?

Mantengan sus condenadas piernas cerradas, están pariendo niños no deseados que se convierten en cargas para la sociedad. Si ustedes no los quieren, ¿qué les hace pensar que la sociedad sí los quiere?

El artículo atribuía muchos de estos problemas sociales a la liberación sexual y al “desprecio por los principios bíblicos”. El autor, Akilah Holder, siguió:

Of course, there are other factors contributing to crime, such as a corrupt Trinidad and Tobago Police Service, an inefficient judiciary and an incompetent government. But sexual freedom plays a big part.

I have no empirical evidence but my feeling is that a lot of these criminals are the products of young, unwed mothers who don’t have a clue what they are doing.

Por supuesto, hay otros factores que contribuyen a la delincuencia, como la corrupción del servicio policial de Trinidad y Tobago, una judicatura ineficiente y un Gobierno incompetente. Pero la libertad sexual tiene buena parte de la culpa.

No tengo evidencia empírica, pero siento que muchos de esos delincuentes son producto de madres jóvenes y solteras que no tienen ni idea de lo que están haciendo.

Las opiniones de este tipo no son raras. Ya en noviembre, poco después de las protestas en Beetham Gardens, Jill Lian Goddard explicó:

Many progressive, less damaged people understand when an abused woman ends up killing her abuser of many years against whom the police did nothing even though they saw cuts, burns, broken bones […]

Yet we don't feel the same way when a group of people who have the [worst] schools in the country so there's no hope of escaping anything through education, breathe air so bad from the burning of the national garbage next to their homes that their children sometimes can't leave home, have no real natural community of trees, animals and open spaces, have insanely stressed existences with bullets and crime which no one knows how to manage, receive just enough services to keep them alive (like the abused woman), have little access or exposure of the things required to make one's life more comfortable, suddenly lash out […] we yet trivialize what it takes to uproot oneself with few resources and no family support. […] Us as a community not understanding why we are where we are, bringing judgement to others, doesn't make it easily solvable.

Muchos progresistas, poco afectados, entienden que una mujer maltratada termine matando al que lleva años agrediéndole, sin que la policía haga nada aunque sean evidentes los cortes, quemaduras, huesos rotos (…)

Pero no nos sentimos igual cuando un grupo que tiene las [peores] escuelas del país, por lo que no hay esperanza de que puedan escapar mediante la educación, personas que respiran un aire tan sucio a causa de la combustión de la basura nacional al lado de sus casas cuyos hijos a veces no pueden salir a la calle, que no tienen zonas naturales de bosque, ni animales, ni espacios abiertos, que llevan existencias demencialmente estresantes, rodeados de balas, de delitos que nadie sabe cómo tratar, que apenas reciben los servicios imprescindibles para mantenerlos vivos (como la mujer maltratada), que tienen un acceso ínfimo a las cosas necesarias para hacer la vida más cómoda, de repente se sublevan (…) y aun así trivializamos lo que hace falta para desarraigarse casi sin recursos y sin ayuda de la familia. (…) Que nuestra comunidad no entienda por qué estamos donde estamos, juzgando a los demás, no lo hace más fácil de resolver.

Lo que completa el círculo a la valoración que hizo Vidale de la situación en enero de 2018:

The State has to respond to such incidents and the full effect of the law must be brought to bear; however, there must also be a process which seeks to prevent recurrences, inclusive of addressing the core problems which led to particular kinds of protests in the first place. […]

The fact that I sought to explain what I thought had happened did not in any way imply condonation of what had happened. […]

But I want to add that I am also well aware that if there are communities where there are more gangs than sport and recreation clubs for young people to join, then something is fundamentally wrong.

El Estado debe responder por estos incidentes y la ley debe aplicarse con todo su peso. No obstante, también debe haber un proceso que intente evitar que se repita, que de entrada trate los problemas que han conducido a un tipo concreto de protestas. (…)

El hecho de que yo intente explicar lo que creo que sucedió no implica de ninguna manera que justifique lo acaecido. (…)

Pero quiero añadir que también soy muy consciente de que si existen comunidades en las que hay más bandas que clubs de deporte y recreo para jóvenes, algo va muy mal.

También añadió que en noviembre de 2017 sacó a colación el pasado colonial del país porque “si podemos ir a lo nuestro mientras hay gente que forma parte de la sociedad y está esclavizada, entonces las trangresiones ‘menores’ contra sectores de esta sociedad pueden ignorarse, o lo que es peor, ‘racionalizarse'”:

My fundamental point is about us. It is neither about the politician nor about colour of skin nor texture of hair; it is about the character and quality of the individual we are calling Trinbagonian. Individualism, selfishness and greed are not traits exclusive to our poster boys for crime. For many of us, unless there is transgression into our immediate space, we doh business [we aren't concerned]. […]

The reality is, however, that increased security in our homes is not a solution to crime; we are simply compensating and adapting. As a population, we are inflicting wounds on ourselves; the more we adapt, the less we recognise progressive resistance.

Do not be surprised if pretty soon, we find ourselves petitioning the government in unison to trade our freedom for peace.

Mi argumento fundamental es sobre nosotros. No sobre los políticos, ni el color de la piel, ni la textura del cabello; es sobre el caracter y la calidad de la persona que llamamos trinitense. El individualismo, el egoísmo y la avaricia no son rasgos exclusivos de nuestros delincuentes más buscados. A menos que haya una trasgresión en nuestro espacio inmediato, muchos no nos preocupamos. (…)

No obstante, la realidad es que la creciente seguridad de nuestros hogares no es solución contra la delincuencia: simplemente estamos compensando y adaptándonos. Como población, nos infligimos heridas a nosotros mismos: cuanto más nos adaptamos, menos reconocemos la resistencia progresiva.

No se sorprendan si muy pronto nos vemos pidiendo al unísono al Gobierno que venda nuestra libertad a cambio de paz.

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